La Administración de Donald Trump ha prohibido durante 30 días la entrada de extranjeros que hayan estado en República Democrática del Congo, Uganda o Sudán del Sur durante las últimas tres semanas, ante el brote de ébola declarado en el noreste congoleño y la alarma internacional por su posible expansión.
Washington ha invocado el Título 42, una norma de salud pública vigente desde 1944 que sólo había sido utilizada durante la pandemia del coronavirus. La medida permite restringir la entrada en territorio estadounidense por razones sanitarias y, en este caso, afecta a extranjeros que hayan permanecido en cualquiera de los tres países durante los 21 días anteriores a su intento de entrada en EEUU.
El Departamento de Estado ha señalado que la decisión busca impedir que el brote llegue a territorio estadounidense. «Al trabajar para contener el brote antes de que llegue a territorio estadounidense, Estados Unidos está protegiendo la salud de los estadounidenses tanto en el país como en el extranjero», sostuvo el organismo.
El Gobierno estadounidense asegura que está coordinando una «respuesta exhaustiva» ante la epidemia, que ya ha dejado un ciudadano estadounidense contagiado y evacuado a Alemania para recibir tratamiento médico. Desde el 15 de mayo, Washington mantiene activos grupos de coordinación y gestión de incidentes en sus embajadas en RDC, Uganda y Sudán del Sur.
El Departamento de Estado ha subrayado que su prioridad es garantizar la seguridad de los estadounidenses en el extranjero y proteger el territorio nacional. El plan activado incluye la movilización de 13 millones de dólares, unos 11,2 millones de euros, en ayuda exterior para la respuesta inmediata al brote.
Además, Washington prepara financiación bilateral adicional para hacer frente a la epidemia y apoyar la ayuda humanitaria, mientras continúa recabando información sobre la magnitud real del brote. «El liderazgo estadounidense sigue siendo indispensable a la hora de hacer frente a amenazas globales a la salud», afirmó el Departamento de Estado.
La decisión llega después de que el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, elevara a más de 500 los casos sospechosos de ébola y a 130 las muertes sospechosas vinculadas al brote en el noreste de la República Democrática del Congo, con al menos un fallecido en Uganda. La OMS declaró el domingo una emergencia de salud pública internacional.
Tedros explicó ante la 79ª Asamblea Mundial de la Salud que hasta ahora se han confirmado 30 casos en la provincia congoleña de Ituri, además de dos casos confirmados en Kampala, capital de Uganda, ambos llegados desde RDC. A ellos se suma el ciudadano estadounidense evacuado a Alemania.
El brote está provocado por la cepa Bundibugyo, una variante para la que no existen vacunas ni tratamientos aprobados específicos, a diferencia de otras cepas del virus. Esta circunstancia ha elevado la preocupación de las autoridades sanitarias internacionales, especialmente por el riesgo de propagación en zonas marcadas por la inseguridad, el desplazamiento de población y la debilidad de los sistemas sanitarios.
La República Democrática del Congo es el país con mayor experiencia mundial en la gestión del ébola, tras haber sufrido más de una docena de brotes desde que el virus fue identificado en 1976. Sin embargo, el actual episodio combina varios factores de alto riesgo: una cepa sin vacuna aprobada, casos en áreas urbanas, desplazamientos masivos y conexiones transfronterizas con países vecinos.