
Se le ocurre a cualquiera, salvo a los políticos: tener en la carretera al volante de enormes camiones a extranjeros que ni siquiera conocen el idioma ni —a menudo— las normas de tráfico es la receta perfecta para el caos en la carretera.
La culpa es de los estados «santuario» que se niegan a cumplir las leyes de inmigración y reparten permisos de conducir para camiones (CDL, en Estados Unidos) a diestro y siniestro.
Por eso Estados Unidos ha suspendido los visados de trabajo para camioneros extranjeros tras una serie de accidentes mortales perfectamente evitables. Innumerables norteamericanos han perdido la vida este año a manos de inmigrantes, legales e ilegales, que no hablaban inglés y que conducen camiones de 40 toneladas.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha anunciado que «con efecto inmediato, suspendemos toda emisión de visados de trabajo para conductores de camiones comerciales·, agregando que el creciente número de conductores extranjeros que operan camiones con remolque de gran tamaño en las carreteras de Estados Unidos «está poniendo en peligro las vidas de los estadounidenses y socavando los medios de vida de los camioneros».
La medida llega días después de que el secretario de Transporte, Sean P. Duffy, abordara el terrible accidente en Florida que involucró a un inmigrante ilegal que operaba un camión grande, quien hizo un giro ilegal y mató tres estadounidenses .
Duffy criticó «la falta de aplicación de la ley y las políticas migratorias radicales» por convertir la industria del transporte por carretera en una » frontera sin ley», permitiendo que conductores extranjeros no cualificados operen enormes camiones.