Un documento de trabajo del Banco de la Reserva Federal de Dallas vincula el auge histórico de la inmigración ilegal durante la Administración Biden con una parte sustancial del encarecimiento de la vivienda en Estados Unidos, según recoge New York Post.
El estudio, elaborado a partir de registros de tribunales migratorios y datos administrativos del Gobierno, analiza el impacto de la inmigración no autorizada entre marzo de 2021 y marzo de 2024, periodo que los autores describen como un «boom sin precedentes».
Según el informe, los flujos de trabajadores inmigrantes no autorizados explican aproximadamente el 30% del crecimiento del empleo, el 30% del aumento del precio de la vivienda y el 20% del encarecimiento de los alquileres en el área metropolitana media estudiada.
Más empleo, pero más presión sobre la vivienda
Los investigadores concluyen que un aumento de trabajadores no autorizados equivalente al 1% del empleo local inicial se asoció con un incremento cercano al 1% del empleo total. El efecto sobre los salarios medios fue limitado, lo que sugiere que la llegada de mano de obra extranjera no produjo una caída generalizada de las remuneraciones en los mercados analizados.
Sin embargo, el impacto sobre la vivienda fue mucho más visible. Ese mismo aumento del 1% en trabajadores no autorizados se vinculó con una subida aproximada del 2,2% en los precios de las casas y del 1,4% en los alquileres.
Los autores señalan que la construcción residencial no reaccionó con suficiente rapidez para absorber la nueva demanda, especialmente en zonas donde la oferta de vivienda ya estaba restringida.
Siete millones de inmigrantes no autorizados
El informe cita estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso según las cuales la inmigración neta no autorizada añadió alrededor de siete millones de personas a la población estadounidense antes de desacelerarse bruscamente a mediados de 2024.
La combinación de fronteras porosas, ciudades saturadas y una oferta residencial rígida terminó trasladando parte del coste migratorio a las familias que buscaban comprar o alquilar una vivienda. El estudio no afirma que la inmigración ilegal sea la única causa de la crisis inmobiliaria. También influyen los tipos de interés, la escasez de suelo, la regulación urbanística, los costes de construcción y la falta de obra nueva.
Pero sí confirma un punto políticamente explosivo: la llegada masiva de inmigrantes no autorizados aumentó la demanda de vivienda y contribuyó de forma significativa al encarecimiento de casas y alquileres.
Un coste que pagan los trabajadores estadounidenses
El documento llega en pleno debate sobre el legado migratorio de Joe Biden. Los demócratas han defendido durante años que la inmigración ayudaba a cubrir vacantes laborales y sostenía el crecimiento económico. Los republicanos, en cambio, han denunciado que la entrada masiva de extranjeros sobrecargó servicios públicos, escuelas, hospitales y vivienda.
La investigación de la Fed de Dallas introduce un matiz incómodo para la izquierda: incluso cuando el impacto laboral neutro para los salarios meios, el efecto sobre el mercado residencial puede ser severo. En otras palabras, el trabajador estadounidense puede mantener su empleo, pero pagar más por vivir.