La nueva estrategia antiterrorista de Estados Unidos ha señalado directamente a Europa como una «incubadora» de amenazas terroristas y ha vinculado el deterioro de la seguridad en el continente con la inmigración masiva, las fronteras abiertas y los «ideales globalistas» que, según Washington, son explotados por grupos hostiles.
El documento, de 16 páginas y dirigido por el coordinador antiterrorista de la Casa Blanca, Sebastian Gorka, sostiene que Europa sigue siendo un aliado clave, pero advierte de que se ha convertido al mismo tiempo en objetivo del terrorismo y en foco de nuevas amenazas. «Cuanto más crezcan estas culturas ajenas y cuanto más persistan las políticas europeas actuales, más garantizado estará el terrorismo», señala la estrategia, según recogen medios europeos.
La Casa Blanca afirma que grupos hostiles bien organizados aprovechan las fronteras abiertas y la doctrina migratoria dominante en Europa para expandirse, reclutar y operar. El diagnóstico supone una enmienda frontal a años de políticas europeas basadas en la acogida masiva, la relativización del control fronterizo y la incapacidad de muchos gobiernos para distinguir entre inmigración legal, seguridad nacional y amenaza ideológica.
La estrategia aprobada por el presidente Donald Trump también coloca a los cárteles de la droga en el centro de la política antiterrorista estadounidense. Gorka explicó que el plan prioriza la neutralización de amenazas en el hemisferio occidental mediante la incapacitación de las operaciones de los cárteles, con el objetivo de impedir que introduzcan drogas, miembros y víctimas de trata en Estados Unidos.
El documento incluye además una ofensiva contra los extremistas violentos de izquierdas, incluidos anarquistas y grupos antifascistas. Según Gorka, la Administración Trump buscará identificar y neutralizar a organizaciones descritas como antiestadounidenses, anarquistas o vinculadas a ideologías radicales, entre ellas Antifa.
La nueva doctrina supone un giro respecto a las estrategias anteriores, al ampliar el enfoque antiterrorista hacia amenazas que Washington considera híbridas: terrorismo yihadista, cárteles, redes transnacionales, extrema izquierda violenta y grupos que operan al amparo de la descomposición del orden fronterizo. CBS informó de que la Administración pretende presionar a sus aliados para reforzar los esfuerzos antiterroristas y actuar contra organizaciones capaces de reclutar, financiarse y operar internacionalmente.
La estrategia se produce en un momento de tensión creciente entre Washington y varias capitales europeas. Trump ha criticado en las últimas semanas la posición de los miembros de la OTAN ante el conflicto con Irán y ha exigido más compromiso a sus socios. También estudia reducir la presencia de tropas estadounidenses en Italia y España, después de haber planteado una medida similar respecto a Alemania.
El mensaje de fondo es claro: Estados Unidos ya no está dispuesto a tratar la inseguridad europea como un problema meramente interno de la UE. Para la Casa Blanca, las políticas migratorias laxas, la tolerancia hacia redes radicales y la debilidad fronteriza del continente tienen consecuencias estratégicas para todo Occidente.