«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La narrativa que venden los medios es la contraria

Los votantes republicanos cierran filas con Trump, apoyan su ofensiva contra Irán y piden destruir sus «capacidades militares»

Donald Trump. Europa Press

 
La narrativa que se está vendiendo en redes y medios es que el ataque contra Irán ha sido la gota que rebosa el vaso de la paciencia MAGA, que habría abandonado a Trump en masa. Esta canción se acompaña con la deserción, anunciada a bombo y platillo, de figuras de relieve que, en efecto, han dado la espalda a esta administración después de haberla apoyado. El panorama que dibujan es desolador. Pero podría ser solo eso: una imagen, un relato. Al menos, la historia que cuenta una reciente encuesta no puede ser más distinta.

Elaborada por J.L. Partners para el New York Post, la más reciente consulta demoscópica revela que el respaldo entre votantes republicanos a la estrategia de Donald Trump en Irán es abrumador. El 83% de los encuestados apoya la operación militar, frente a un 9% que se opone. El dato no se queda ahí. El 74% considera, además, que la campaña debería continuar hasta destruir las capacidades militares iraníes, lo que sugiere no sólo apoyo, sino disposición a sostener el esfuerzo bélico en el tiempo.

La encuesta, realizada entre el 17 y el 18 de marzo sobre una muestra de algo más de mil votantes republicanos, refleja también otro elemento relevante: la disciplina interna del electorado conservador. A pesar de las críticas de figuras mediáticas próximas al entorno republicano, el 83% de los encuestados afirma confiar más en el criterio de Trump que en el de los «comentaristas».

Lejos de la imagen de descomposición que algunos analistas han querido proyectar, los datos apuntan más bien a una consolidación del liderazgo de Trump en un terreno —la política exterior— donde históricamente los presidentes estadounidenses han tenido mayor margen de maniobra. En situaciones de conflicto, el electorado tiende a cerrar filas con el comandante en jefe, y en este caso ese reflejo parece haberse activado con especial intensidad entre los votantes republicanos.

Además, el apoyo registrado no se limita a un respaldo genérico o emocional, sino que incorpora una aceptación explícita de los objetivos de la campaña. Que una amplia mayoría no sólo avale la intervención, sino que se muestre partidaria de prolongarla hasta neutralizar completamente las capacidades iraníes, sugiere que la estrategia de la Administración no se percibe como improvisada, sino como una respuesta coherente a una amenaza que ese electorado considera real.

Es decir, el desacuerdo existe en la élite mediática, pero apenas se traslada a la base electoral. El contraste con el resto del país es notable. Sondeos recientes de Quinnipiac, NBC, CNN o Reuters apuntan en la misma dirección: el apoyo a la guerra cae de forma pronunciada entre demócratas e independientes, hasta el punto de convertir la intervención en un asunto profundamente divisivo.

El patrón no es nuevo en la política estadounidense reciente. En los últimos años, la figura de Trump ha tendido a reordenar el comportamiento electoral republicano en torno a su liderazgo personal, reduciendo el impacto de voces disidentes dentro del propio espacio conservador. La encuesta del New York Post sugiere que esa dinámica se mantiene también en política exterior.

A corto plazo, este respaldo ofrece al presidente un margen político considerable para sostener la operación en Irán sin un coste inmediato dentro de su base. A medio plazo, sin embargo, la situación es más incierta.

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