«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
FUE PUESTO BAJO PROTECCIÓN FEDERAL PERMANENTE

Marco Rubio, el hombre al que el chavismo intentó asesinar en 2017, se erige como verdugo del régimen

Marco Rubio y Donald Trump. Europa Press.

La caída del régimen chavista y la extradición de Nicolás Maduro a Estados Unidos no pueden entenderse sin la figura de Marco Rubio, hoy convertido en el hombre fuerte de Washington para Venezuela. Su papel actual culmina una larga confrontación personal y política con el chavismo que estuvo a punto de costarle la vida.

En 2017, cuando aún era senador por Florida, Rubio fue puesto bajo protección federal permanente tras conocerse un informe de inteligencia estadounidense que alertaba de un plan del régimen venezolano para asesinarlo. La amenaza fue considerada real y grave por las autoridades federales y no procedía de actores marginales, sino del aparato de seguridad del Estado chavista, molesto por el papel central que Rubio desempeñaba en la promoción de sanciones internacionales y en el aislamiento diplomático de Caracas.

El propio Nicolás Maduro había señalado públicamente a Rubio como enemigo personal, llegando a calificarlo como «el más loco de los locos». Las sospechas de la inteligencia estadounidense apuntaron entonces a la cúpula del régimen, con menciones directas al entorno del poder y al nombre de Diosdado Cabello como posible impulsor de la conspiración. Aunque el plan no llegó a ejecutarse, el dispositivo de seguridad para Rubio y su familia se mantuvo durante meses.

Lejos de amedrentarlo, aquel episodio reforzó su determinación política. Hijo de exiliados cubanos, Rubio convirtió la lucha contra las dictaduras socialistas del hemisferio occidental en una misión personal, hasta consolidarse como el principal azote del chavismo en Washington durante la última década.

Esa trayectoria explica su peso decisivo en la operación que ha terminado con Maduro esposado en Nueva York. Desde septiembre, la Administración de Donald Trump intensificó la presión militar y estratégica sobre Venezuela, una ofensiva diseñada y pilotada políticamente por Rubio desde el Departamento de Estado. El asalto final, ejecutado en una operación relámpago, ha sido descrito como el derrocamiento más rápido de un régimen en la era moderna.

Hoy, sin un sucesor claro en Caracas, Trump ha confiado a Rubio la supervisión de la transición, la estabilización del sector petrolero y la interlocución política con las autoridades provisionales. La prensa estadounidense lo ha bautizado ya como el «virrey de Venezuela», una etiqueta que refleja el poder acumulado por quien fue objetivo directo del chavismo.

La imagen resume una década de confrontación: el dirigente al que el régimen quiso eliminar físicamente es ahora quien marca el ritmo del desmantelamiento del chavismo. Para Marco Rubio, la caída de Maduro no es solo una victoria geopolítica, sino la resolución de una enemistad histórica que comenzó con una amenaza de muerte y termina con el régimen derrotado.

Fondo newsletter