El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha lanzado una iniciativa internacional para situar el extremismo violento de extrema izquierda entre las grandes prioridades de la lucha antiterrorista global.
Rubio reunió en Washington a representantes de más de 60 países en una conferencia ministerial dedicada a lo que el Departamento de Estado define como «terrorismo político de extrema izquierda», con el objetivo de reforzar el intercambio de inteligencia, la cooperación policial y las sanciones contra redes extremistas transnacionales.
El mensaje de la Administración Trump es claro: durante décadas, los gobiernos occidentales han centrado su atención en el terrorismo islamista y en la llamada extrema derecha, mientras han minimizado una violencia izquierdista que se presenta bajo etiquetas como el antifascismo, el ecologismo radical o la igualdad.
«Esto es real y está empeorando»
Rubio advirtió a los delegados de que el «terror venenoso de extrema izquierda» aparece a menudo disfrazado de causas aparentemente nobles, pero termina justificando ataques contra adversarios políticos, instituciones públicas, empresas e infraestructuras críticas.
«Están aquí porque esto es real, está empeorando y ya no puede negarse ni ignorarse», afirmó. «Es hora de aplastar este mal para siempre».
El secretario de Estado sostuvo que el mundo civilizado debe defenderse frente a una nueva oleada de violencia ideológica que, en Estados Unidos, habría alcanzado niveles no vistos en décadas.
Redes transnacionales, financiación y apoyo exterior
Según Rubio, los grupos de extrema izquierda han dejado de ser movimientos puramente locales y se han convertido en redes transnacionales que intercambian materiales de entrenamiento, comunicaciones cifradas, financiación y apoyo operativo a través de las fronteras.
El Departamento de Estado sostiene que algunos de estos grupos reciben incluso apoyo de regímenes hostiles a Occidente. Por ello, Washington quiere que sus aliados dejen de tratar estos ataques como incidentes domésticos aislados y pasen a abordarlos como una amenaza coordinada.
Designaciones terroristas y nuevas sanciones
La iniciativa se apoya en medidas ya adoptadas por la Administración Trump, que ha designado a varias organizaciones europeas de extrema izquierda como organizaciones terroristas extranjeras y ha ofrecido recompensas por información sobre su financiación y liderazgo.
Estados Unidos busca ahora que sus aliados adopten medidas similares, refuercen la persecución de la financiación extremista y coordinen respuestas judiciales y policiales contra redes violentas. La propuesta ha generado reservas en algunos gobiernos europeos y organizaciones de libertades civiles, que advierten del riesgo de confundir a grupos violentos con movimientos de protesta más amplios.
Europa ante su propia violencia ultraizquierdista
La ofensiva de Rubio llega tras una serie de ataques y sabotajes atribuidos a extremistas de izquierda en Europa y Estados Unidos. En Alemania se han registrado agresiones violentas, sabotajes contra infraestructuras críticas, incendios reivindicados por grupos radicales y enfrentamientos con la Policía en manifestaciones.
En Francia, redes anarquistas y de ultraizquierda han sido vinculadas a ataques contra comisarías, edificios públicos, infraestructuras y personas de derecha. En Italia, las autoridades mantienen investigaciones sobre grupos anarquistas violentos responsables de atentados y ataques contra cargos públicos.
El diagnóstico de Washington apunta directamente al doble rasero europeo: una violencia que se tolera o se relativiza cuando viene envuelta en el lenguaje de la justicia social, el antifascismo o el ecologismo.