El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha reivindicado el legado español en la construcción histórica de su país durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde ha subrayado la influencia cultural y social de España en la identidad estadounidense. En un discurso centrado en reforzar la alianza transatlántica, el jefe de la diplomacia norteamericana ha querido destacar los vínculos entre Europa y Estados Unidos, poniendo especial énfasis en la huella española dentro de ese proceso.
Rubio ha recordado que muchos de los elementos que hoy se asocian al imaginario del Oeste americano tienen origen hispano. Según ha explicado, tradiciones como los caballos, los ranchos, los rodeos y el propio arquetipo del vaquero nacieron en España y fueron trasladados al continente americano durante la expansión europea. Con estas referencias, ha defendido que la herencia cultural de Estados Unidos es inseparable de la historia de Europa y, en particular, de los países que participaron en la colonización del Nuevo Mundo.
El secretario de Estado ha situado estas menciones dentro de un relato más amplio sobre la civilización occidental, insistiendo en que Estados Unidos y Europa comparten raíces profundas que van más allá de la economía o la defensa. En ese contexto, ha señalado que la fe cristiana, la cultura, la lengua y las tradiciones transmitidas por los europeos que emigraron al otro lado del Atlántico constituyen el núcleo de una identidad común que sigue vigente en la actualidad.
Durante su intervención, Rubio también ha hecho alusión a sus propios antepasados europeos, con el objetivo de reforzar la idea de que la conexión entre ambos lados del Atlántico es histórica y personal. Ha asegurado que el destino de Estados Unidos y Europa está «entrelazado» y defendió que la cooperación entre ambos debe basarse en el orgullo por su herencia compartida y en la defensa de su modelo político y social frente a los desafíos actuales.
El dirigente estadounidense ha utilizado este mensaje para pedir a los aliados europeos una relación más equilibrada y sólida, en la que cada país asuma mayores responsabilidades en seguridad y defensa. Al mismo tiempo, ha apelado a fortalecer la cohesión cultural y política de Occidente, insistiendo en que la recuperación del dinamismo económico, la soberanía industrial y el control de las fronteras son claves para afrontar el nuevo escenario internacional.