«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Tensión entre Washington y Londres por la base estratégica en el Índico

Trump, «muy decepcionado» con Starmer por frenar el uso de una base clave en los ataques a Irán

Keir Starmer y Donald Trump. Europa Press.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado su «gran decepción» con el primer ministro británico, Keir Starmer, por haber bloqueado inicialmente el uso de la base militar de Diego García para los ataques contra Irán, base que se encuentra en el archipiélago de Chagos en el océano Índico.

En una entrevista concedida a The Telegraph, Trump afirmó que Londres «tardó demasiado» en permitir el acceso estadounidense a la estratégica instalación situada en el archipiélago de Chagos. «Eso probablemente nunca había ocurrido entre nuestros países», aseguró el mandatario, sugiriendo que Starmer se mostró excesivamente preocupado por cuestiones legales.

El Gobierno británico había denegado en un primer momento el permiso para utilizar bases como Diego García o RAF Fairford alegando consideraciones de derecho internacional. Finalmente, el domingo por la noche, Downing Street dio luz verde al uso de Diego García para «fines defensivos específicos y limitados».

La disputa tensó aún más las relaciones entre ambos aliados y llevó a Trump a retirar su respaldo al polémico acuerdo impulsado por Starmer para transferir la soberanía de las islas Chagos a Mauricio y arrendar posteriormente la base militar por 99 años. El presidente estadounidense calificó ese pacto de «muy woke» y sostuvo que el Reino Unido debería haber mantenido la titularidad plena del territorio.

Diego García es considerada una pieza clave en la arquitectura militar occidental en el Índico. Situada a unos 2.400 kilómetros de la costa sur iraní, se encuentra fuera del alcance de los misiles balísticos de Teherán, pero dentro del radio operativo de los bombarderos estratégicos estadounidenses B-2. Washington considera que su disponibilidad es fundamental para garantizar la supremacía aérea en la región.

La tensión diplomática coincidió con una escalada militar sin precedentes. Tras la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, en las primeras oleadas de ataques, Irán respondió lanzando misiles y drones contra bases estadounidenses e instalaciones israelíes en Oriente Medio. Uno de esos drones impactó cerca de la base británica de RAF Akrotiri, en Chipre, lo que obligó a activar protocolos de seguridad, aunque no se registraron víctimas.

Trump defendió la operación militar asegurando que avanza «muy por delante del calendario previsto». Según explicó, el plan inicial contemplaba hasta cuatro semanas de ofensiva, pero la eliminación de buena parte del liderazgo iraní se habría producido en las primeras 24 horas.

El presidente estadounidense también insinuó que Teherán estaría ahora dispuesto a negociar un alto el fuego y retomar conversaciones sobre su programa nuclear. «Querían hacer un acuerdo, pero deberían haberlo hecho hace una semana», afirmó.

Mientras tanto, Reino Unido afronta críticas tanto internas como desde Washington por su vacilación inicial. Aunque el Gobierno británico ha condenado los ataques iraníes y ha autorizado el uso limitado de sus bases, no ha implicado directamente a tropas británicas en la ofensiva conjunta entre Estados Unidos e Israel.

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