La Administración de Donald Trump ha eliminado las directrices de la era Biden que instaban a los diplomáticos estadounidenses a promover cuestiones de raza, género, identidad sexual, inclusión y otras políticas asociadas a la ideología woke en sus relaciones con gobiernos extranjeros.
El Departamento de Estado confirmó este jueves el fin de la agenda conocida oficialmente en Estados Unidos como DEI —diversidad, equidad e inclusión— dentro del Servicio Exterior y anunció una reforma orientada a recuperar el mérito, las capacidades diplomáticas y la defensa de los intereses nacionales estadounidenses como criterios centrales de su funcionamiento.
El cambio afecta a documentos internos elaborados durante el Gobierno de Joe Biden que pedían a embajadas y altos funcionarios introducir cuestiones relacionadas con la igualdad racial, el género, la discapacidad y el colectivo LGBT en sus reuniones y diálogos bilaterales con autoridades de otros países.
La Administración Trump pone así fin a un modelo bajo el que la diplomacia estadounidense no sólo debía representar los intereses geopolíticos de Washington, sino también trasladar al exterior buena parte de la agenda cultural progresista promovida por la Casa Blanca de Biden.
Trump: diplomacia para defender los intereses nacionales, no «dogmas políticos woke»
El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, resumió el giro impulsado por Trump asegurando que los diplomáticos estadounidenses tienen ahora la misión de defender los intereses del país en el escenario internacional y no de demostrar su adhesión a «dogmas políticos woke».
La posición coincide con la comunicación oficial del Departamento de Estado, que anunció el 13 de agosto el final de una agenda de diversidad, equidad e inclusión que calificó de «ideológicamente extrema y discriminatoria».
Las instrucciones heredadas de Biden muestran hasta qué punto estas cuestiones habían penetrado en el aparato diplomático.
Uno de los documentos preguntaba expresamente a los responsables de las distintas oficinas si planteaban habitualmente ante altos cargos extranjeros asuntos relacionados con «inclusión social, equidad racial y de género, discapacidad y cuestiones LGBTQI+», especialmente en aquellos países donde esas materias fueran consideradas problemáticas.
También se instaba a introducirlas, «cuando fuera apropiado», dentro de los diálogos bilaterales entre Estados Unidos y otros gobiernos.
La adhesión a la agenda ideológica podía influir en la carrera de los funcionarios
Las políticas de la Administración Biden no se limitaban a recomendaciones sobre qué asuntos abordar en el extranjero. Según los documentos conocidos, el grado de implicación de los empleados con las políticas de diversidad e inclusión llegó a formar parte de las evaluaciones internas utilizadas para valorar su desempeño y sus posibilidades de promoción profesional. La Administración Trump ha eliminado esos criterios.
Las directrices también preguntaban a los trabajadores si intervenían activamente cuando consideraban que existían prejuicios relacionados con la raza, el sexo, la orientación sexual o la discapacidad.
Asimismo, se esperaba que los empleados aprendieran por iniciativa propia sobre estas cuestiones y que las distintas oficinas respaldaran los denominados «consejos DEIA», estructuras internas dedicadas a impulsar estas políticas.
El nuevo Departamento de Estado pretende sustituir este sistema por evaluaciones vinculadas al mérito y a competencias concretamente relacionadas con la actividad diplomática.