La planta ha necesitado apoyo de gas natural para funcionar
Una planta solar de más de dos millones en el desierto de California es apagada tras años de dinero desperdiciado: «Mató más de 6.000 aves»
Una planta solar de más de dos millones en el desierto de California es apagada tras años de dinero desperdiciado: «Mató más de 6.000 aves»
Megaplanta solar en California. Redes sociales
Por Unai Cano
25 de septiembre de 2025

La planta de energía solar construida en el año 2010 e instalada en el desierto de Mojave de California fue presentada como un proyecto revolucionario y símbolo del futuro energético de Estados Unidos. Sin embargo, a poco más de una década de su puesta en marcha, lo que en su día fue la instalación solar más grande del planeta encara su cierre definitivo en 2026 tras acumular ineficiencias, sobrecostes y fuertes críticas por su bajo rendimiento.

Con un presupuesto que rondó los 2.200 millones de dólares, Ivanpah se levantó con el respaldo político del entonces presidente Barack Obama y con 1.600 millones en avales federales concedidos por el Departamento de Energía. El objetivo era que sus tres torres de 140 metros, rodeadas por un inmenso mar de 173.500 espejos controlados por ordenador, generasen energía limpia y abundante. Años más tarde, el resultado dista mucho de las expectativas iniciales: la planta ha necesitado apoyo de gas natural para funcionar y nunca ha alcanzado los niveles de producción prometidos.

El sistema utilizado se basaba en la concentración solar. Los espejos, llamados helióstatos, reflejaban los rayos del sol hacia receptores situados en la cima de las torres, calentando un fluido que, al transformarse en vapor, movía turbinas convencionales. «Era un planteamiento complejo, casi experimental», recordaba Edward Smeloff, consultor de energías alternativas. Aunque en su momento se vio como una apuesta innovadora, el avance imparable de la tecnología fotovoltaica —más barata, eficiente y fácil de desplegar— dejó obsoleta la propuesta en muy poco tiempo.

NRG Energy, la compañía texana que aportó 300 millones de dólares y se convirtió en el socio mayoritario de la planta, admite que cuando se firmaron los contratos de compra de energía en 2009, los precios eran competitivos. No obstante, reconoce que la evolución del mercado abrió paso a opciones más flexibles y económicas.

Además de las dudas sobre su rentabilidad, la planta ha sido objeto de denuncias medioambientales. Organizaciones de veterinarios especializados en aves estiman que alrededor de 6.000 ejemplares mueren anualmente al atravesar las zonas donde la radiación concentrada alcanza temperaturas de hasta 1.000 grados, quedando literalmente carbonizadas en pleno vuelo.

Los críticos con la política de subvenciones públicas sostienen que Ivanpah se convirtió en un ejemplo de despilfarro gubernamental. Jason Isaac, del Instituto Americano de Energía, llegó a definir la instalación como un «testimonio de la ineficiencia de los programas subvencionados por el Estado», recordando que nunca cumplió sus compromisos.

Hoy, lo que en 2014 se inauguró como emblema de la energía solar estadounidense es percibido más como una advertencia. El Foro Económico Mundial apuntaba recientemente que los inversores privados suelen ser más rápidos que la administración pública a la hora de apostar por tecnologías emergentes, y que proyectos como Ivanpah muestran los riesgos de invertir a gran escala en ideas que no logran adaptarse a un mercado en constante evolución.

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