«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
En una localidad de Renania del Norte-Westfalia

AfD, ante la decisión del «consenso bipartidista» en Alemania de destituir a una de sus vicealcaldesas: «La democracia ha quedado enterrada»

Alice Weidel. Europa Press

En la Alemania de Merz y de su «cordón sanitario» contra Alternativa para Alemania (AfD), la democracia es opcional. La voluntad popular expresada en las urnas, al parecer, no es determinante cuando se decanta por la opción soberanista.

Así, en una localidad de Renania del Norte-Westfalia, Bad Salzuflen, los partidos del sistema (democristianos de la CDU, socialistas del SPD y Los Verdes) han destituido de su cargo a una teniente de alcalde elegida democráticamente hace sólo dos semanas. La razón es simplemente porque representa a AfD.

Los partidos del sistema anularon la elección de Sabine Reinknecht en una sesión municipal que la afectada resumió en estas palabras: «Hoy y aquí la democracia ha quedado enterrada». «Una señal fatal para nuestra ciudad, para el respeto de los votantes y para la cultura política en su conjunto», coincidió la sección local de AfD.

Las excusas elegidas, poco convincentes, son lo de menos: la ley no obliga a presentar razón alguna a los consistorios para presentar una moción de destitución contra un vicealcalde. De hecho, los argumentos esgrimidos son tan pintorescos como el de que «puede ahuyentar a los turistas», como si fuera un animal peligroso escapado del zoo. También se aludió a comentarios de Reinknecht en redes que interpretaban como, lo han adivinado, «racistas».

En declaraciones a Junge Freiheit, Reinknecht expresa su desconcierto. «Fui elegida en votación secreta con 16 votos, una cifra significativamente superior a los escaños que AfD tiene en la asamblea municipal. Esto demuestra que mi trabajo y mi conducta son valorados por todos, independientemente de su afiliación política”. Y añade: «El hecho de que ahora quieran revertir este resultado no tiene nada que ver con mi comportamiento, sino únicamente con tácticas partidistas. Parece que, para algunos, la democracia sólo funciona cuando el resultado coincide con sus expectativas».

En la prensa local, a la desesperada, encontraron otra justificación para esta intolerable arbitrariedad. Así, el Lippische Wochenzeitung explicaba el pasado lunes que la asamblea quería desde hace algún tiempo reducir a dos el número de vicealcaldes. El que hayan aplicado la reforma justo tras la victoria de una soberanista es sólo una curiosa coincidencia. Para colmo, el rotativo califica la decisión del consistorio como «una clara señal a favor de la democracia, la diversidad, el respeto y la cooperación política responsable con esta medida conjunta».

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