
La capital de la Unión Europea ha sido escenario de una nueva muestra de intolerancia ideológica. En la noche del jueves 3 de julio, un joven ciudadano alemán de 24 años fue brutalmente agredido en Place du Luxembourg, a escasos metros del Parlamento Europeo, por llevar una gorra con el lema «Make America Great Again», asociado al presidente de EE. UU. Donald Trump.
El incidente ocurrió en el bar The Network, un local muy frecuentado por funcionarios europeos, asistentes parlamentarios y asesores. Según el testimonio de la víctima, todo comenzó cuando una mujer le arrebató la gorra acusándolo de ser «racista». Acto seguido, tres hombres de origen magrebí se unieron al ataque, propinándole golpes, insultos y heridas en la cabeza que requirieron atención médica y varios puntos de sutura.
«Es preocupante que la violencia política se extienda incluso a Bruselas, donde debería imperar el respeto al debate democrático», declaró Davide Quadri, asesor político de la Lega, que forma parte de Patriotas por Europa, quien presenció parte del ataque.
Más grave aún es que, según la denuncia formal, uno de los agresores portaba una acreditación oficial como Asistente Parlamentario Acreditado (APA) del Parlamento Europeo. La formación Europe of Sovereign Nations (ESN) ha solicitado una investigación inmediata a la presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, para esclarecer si un trabajador de la institución participó en la agresión.
La víctima, que ha pedido mantener el anonimato por razones de seguridad, se encontraba en Bruselas para participar en reuniones políticas. Es conocido en círculos internacionales por sus vínculos con Donald Trump y el entorno republicano en EE. UU., habiendo asistido a eventos en Mar-a-Lago, Bedminster y Washington, lo que lo convierte en un punto de contacto relevante entre conservadores europeos y estadounidenses.
En declaraciones a The European Conservative, el joven explicó: «Físicamente estoy mejor, pero sigo mareado y con fuertes dolores de cabeza. Tengo un ojo morado y puntos en la cabeza. Estábamos tomando algo y, de repente, me vi rodeado de gente que me insultaba y golpeaba. No entendía lo que estaba pasando».
El caso ha generado preocupación en diversos medios y entre eurodiputados, que ya han exigido explicaciones. Si se confirma la implicación de personal del Parlamento, el escándalo podría desembocar en una investigación interna con consecuencias políticas más amplias.