Alemania registró en 2025 la llegada de más de 370.000 inmigrantes procedentes de países no pertenecientes a la Unión Europea, según datos oficiales del Gobierno federal, una cifra que equivale demográficamente a una gran ciudad alemana y que contradice frontalmente la promesa de un supuesto «giro migratorio» anunciada por el nuevo Ejecutivo. Es una cifra superior a los habitantes de Bonn o Münster.
Las entradas se produjeron a través de solicitudes de asilo, programas de reunificación familiar y distintos mecanismos de admisión humanitaria, lo que mantiene los niveles migratorios en cotas históricamente elevadas pese al descenso puntual de las peticiones formales de asilo.
Desde la Alternativa para Alemania (AfD), el diputado Sebastian Münzenmaier denunció que la política del ministro del Interior, Alexander Dobrindt, no es más que «un truco de manos». «Entre 300.000 y 400.000 migrantes sociales o supuestos refugiados en un solo año equivalen a una gran ciudad. Hablar de giro con estas cifras es engañar a los ciudadanos», afirmó, subrayando que no habrá un cambio real mientras entren más personas de las que salen.
En cuanto al asilo, Alemania registró 113.236 solicitudes iniciales en 2025, el nivel más bajo desde 2020 y menos de la mitad de las 229.751 del año anterior. El Gobierno se apoya en este dato para presumir de control migratorio, obviando que la inmigración total sigue disparada por las vías legales. En 2023, por ejemplo, las solicitudes de asilo superaron las 329.000.
Pese a este descenso, el ministro Dobrindt aseguró que Alemania «gestiona la migración con claridad y coherencia», afirmando que quienes no tengan derecho a protección no deberían entrar y que los delincuentes deben ser expulsados. La realidad estadística, sin embargo, desmiente el relato oficial.
La reunificación familiar continúa siendo uno de los principales motores de entrada. Las oficinas diplomáticas alemanas tramitaron 110.400 visados por este concepto en 2025, con Turquía, Siria, India, Kosovo y Albania entre los principales países de origen. Aunque el Bundestag aprobó una moratoria parcial para ciertos beneficiarios, el impacto práctico ha sido casi nulo.
A estas cifras se suman 1.137 afganos acogidos en programas federales, 1.093 personas vía reasentamiento, y 145.222 ucranianos amparados por el régimen de protección temporal. El cómputo total de inmigración extracomunitaria en 2025 alcanza al menos 371.088 personas, sin contar otros canales como el Reglamento de los Balcanes Occidentales, que permite la entrada anual de unas 50.000 personas por motivos laborales y cuyo cupo ya se ha agotado.
Desde 2015, cerca de cuatro millones de inmigrantes han llegado a Alemania sumando asilo y reunificación familiar. El impacto político es evidente: la opinión pública alemana se vuelve crecientemente hostil a la inmigración masiva. Según una encuesta reciente de YouGov, el 57% de los alemanes cree que han llegado demasiados inmigrantes legales, y el 81% considera excesiva la inmigración ilegal, mientras que tres de cada cuatro ciudadanos opinan que ha sido perjudicial para el país.