«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Según datos de la Conferencia Episcopal Austriaca

Austria pierde fieles cristianos mientras crece el islam: 71.000 austriacos abandonaron la Iglesia Católica en 2024, mientras la población musulmana pasa de los 740.000

Mezquita. Europa Press

Austria atraviesa un cambio religioso de gran calado. En 2024, 71.531 personas abandonaron la Iglesia Católica, mientras solo 5.154 se unieron o regresaron, según los datos oficiales publicados por la Conferencia Episcopal Austriaca y recogidos por los medios Bluewin y FSSPX News en septiembre de ese año. Con ello, el número total de católicos descendió a 4.557.471, frente a los 4,73 millones de 2022 y los 4,63 millones de 2023. En apenas dos años, la Iglesia ha perdido más de 175.000 fieles, un signo claro de la acelerada secularización que vive Europa Central.

La propia Conferencia Episcopal atribuye el fenómeno a un «distanciamiento progresivo entre la fe y la vida pública», sumado a la pérdida de confianza en las instituciones eclesiales. Las diócesis más afectadas son Viena, Linz y Graz-Seckau, donde el descenso supera el dos por ciento anual.

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Mientras tanto, el islam crece con fuerza. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística (Statistik Austria) y del portal académico Euro-Islam, la comunidad musulmana en Austria alcanzó en 2021 los 745.608 fieles, lo que equivale aproximadamente al 8,3 % de la población total.

El cambio es especialmente visible en Viena, donde, según un estudio citado por The European Conservative en 2024, el 41,2 % de los alumnos de las escuelas públicas son musulmanes, mientras los cristianos apenas representan el 34,5 %. En algunos distritos de la capital, los alumnos musulmanes ya constituyen la mayoría, reflejo de un cambio demográfico que va mucho más allá de las aulas.

Los demógrafos coinciden en que el crecimiento del islam en Austria obedece a dos factores principales: la inmigración procedente de Turquía, Bosnia, Siria y Afganistán, y una tasa de natalidad significativamente superior a la media nacional. El sociólogo Paul Zulehner, profesor emérito de la Universidad de Viena, explicó en declaraciones a Die Presse que «Austria está dejando de ser un país culturalmente católico, y el proceso se acelera en las grandes ciudades, donde la religión cristiana ya no es dominante«.

La magnitud del cambio ha llevado incluso al propio Estado a modificar su forma de medir la religión. Desde 2001, Austria ya no incluye la afiliación religiosa en los censos obligatorios. Los datos se obtienen mediante encuestas voluntarias y registros administrativos, una decisión que, según el portal oficial Statistik Austria, refleja «una relación cada vez más débil entre religión y sociedad moderna».

En paralelo, el crecimiento musulmán se consolida como una tendencia estructural: más jóvenes, más cohesión comunitaria y un grado de práctica religiosa mucho más alto que el de los católicos. Mientras el catolicismo pierde presencia social, el islam se consolida como una identidad cultural alternativa.

En Viena, mezquitas y centros islámicos se multiplican, al tiempo que las parroquias cierran o se fusionan por falta de fieles. Este contraste se da en el corazón de una nación que, durante siglos, fue símbolo del catolicismo europeo: la Austria de los Habsburgo, del barroco y de los monasterios benedictinos, hoy convertida en laboratorio del nuevo mapa religioso del continente.

El editorialista del diario Die Presse resumió así la tendencia: «Austria fue durante siglos el corazón católico de Europa. Hoy ese corazón late más débil mientras otro modelo religioso se fortalece«. A escala continental, el fenómeno austríaco refleja un patrón común: el declive del cristianismo como matriz cultural y la expansión sostenida del islam en el espacio público europeo.

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