
Bruselas continúa canalizando millones de euros hacia iniciativas internacionales cuyo impacto real, más allá del absurdo ideológico, resulta prácticamente imposible de medir. Una investigación publicada por NiUS ha destapado el caso de #defyhatenow, un proyecto financiado con 1,2 millones de euros procedentes de fondos europeos desde 2020 para combatir el «discurso de odio» y la «desinformación» en internet en Sudán del Sur, un país donde apenas el 12% de la población tiene acceso a la red.
La iniciativa, que se presenta como una plataforma de «soluciones comunitarias y basadas en datos», afirma luchar contra el odio en redes sociales mediante capacitaciones en alfabetización mediática y dinámicas de mitigación de conflictos. Sin embargo, el material que ofrece es escaso y sus actividades reales resultan difíciles de verificar.
El dinero de los contribuyentes europeos llega a esta ONG a través del Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional (NDICI), el principal canal financiero de la Unión Europea para países africanos. No obstante, antes de recibir subvenciones comunitarias, #defyhatenow ya contaba con financiación directa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, lo que implica que los contribuyentes alemanes llevan años sosteniendo una estructura ideológica occidental en una región marcada por décadas de guerra civil.
Uno de los brazos operativos del proyecto es 211 Check, una página de «verificación de hechos» con sede en Sudán del Sur que apenas alcanza los 7.000 seguidores en Facebook y algo más de 1.400 en X. Su equipo, compuesto por seis personas, publica contenido de forma esporádica y con escasa repercusión: según el análisis de NiUS, pocas de sus publicaciones superan en interacciones el número de empleados de la propia organización.
La fundadora local del proyecto, Marina Modi, ha sido presentada por medios estatales alemanes como referente feminista. En una de las pocas entrevistas disponibles, aparece sentada frente a una pizarra con una «pirámide del odio» que sugiere que la parcialidad conduce al genocidio, pasando por fases como el prejuicio y la discriminación. Una representación importada de teorías occidentales que difícilmente conecta con la compleja y violenta realidad sursudanesa.
Lejos de ser una iniciativa local, #defyhatenow es en realidad un proyecto de una ONG con sede en Berlín. Fundada en 2013 por Stephen Kovats y Susanne Bellinghausen, la organización promueve otras iniciativas con nombres igualmente estilizados, como #YoMIL, para fomentar la participación de mujeres jóvenes en medios de comunicación en Gambia, o #migrant, una red que, según su propia descripción, informa a los africanos sobre cómo migrar a países europeos como Alemania.
En un momento en que miles de europeos cuestionan el destino de sus impuestos, estas revelaciones evidencian el desvío sistemático de recursos públicos hacia proyectos ideológicos con escasa o nula utilidad práctica sobre el terreno. La llamada «solidaridad europea» vuelve a manifestarse como un complejo entramado de ONG, consultoras y subvenciones que alimentan estructuras burocráticas mientras el ciudadano europeo sigue pagando la factura.