Bruselas lleva su obsesión centralista al extremo. Este miércoles anunció que demandará a Francia ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) por «violar el mercado único» al exigir etiquetas de reciclaje específicas en productos como envases, textiles, móviles y herramientas. El pecado francés: informar a sus ciudadanos sobre cómo reciclar correctamente.
De esta manera, Bruselas, en nombre de la «libre circulación de mercancías», considera que este etiquetado nacional —el logotipo Triman y la etiqueta Info-tri— es «desproporcionado» y crea «un obstáculo al mercado interior». Todo, a pesar de que Francia implementó esta medida en 2022 como parte de su legislación soberana, en respuesta al masivo desafío del reciclaje urbano.
Lo irónico es que la misma Comisión Europea que lleva años imponiendo normativas climáticas, cuotas de emisión, restricciones a los combustibles y «objetivos de reciclaje» estratosféricos, ahora reprende a un Estado miembro por ir más allá en su propia legislación ecológica.
Von der Leyen y sus comisarios han intentado disfrazar la medida como una cuestión «técnica» de armonización. Alegan que ya existe una futura norma europea —que recién entrará en vigor en 2028— que unificará el etiquetado en todo el continente. Mientras tanto, pretenden impedir que Francia mantenga su propio sistema de información ciudadana sobre reciclaje.
Desde el Ministerio de Medio Ambiente francés se ha confirmado que el país acatará la futura norma europea de 2028, pero mientras tanto mantendrá el sistema Triman. «La disputa se resolverá con la implementación del reglamento», afirman. Sin embargo, ahora tendrán que defenderse ante el TJUE en Luxemburgo.