La Comisión Europea ha presentado una nueva iniciativa con la que aspira a movilizar hasta 25.000 millones de euros en inversiones para proyectos de energías renovables, hidrógeno, tecnologías limpias y redes eléctricas modernas en países socios del Mediterráneo, Oriente Próximo y el norte de África.
El plan se enmarca en el nuevo Pacto por el Mediterráneo y pretende desplegar 15 gigavatios adicionales de capacidad renovable, desarrollar infraestructuras energéticas transfronterizas y favorecer la creación de más de 100.000 empleos vinculados a las llamadas energías limpias en la región.
Para respaldar estas inversiones, Bruselas prevé utilizar más de 5.000 millones de euros en garantías financieras a través de instrumentos europeos destinados a atraer capital público y privado hacia proyectos energéticos fuera de la Unión Europea.
La comisaria europea para el Mediterráneo, Dubravka Suica, ha defendido que la iniciativa se apoya en un modelo de colaboración entre gobiernos, bancos de desarrollo, instituciones financieras internacionales, promotores de proyectos e inversores privados.
«Las instituciones públicas por sí solas no pueden financiar la magnitud de la transformación que necesitamos. Necesitamos experiencia, innovación y capital del sector privado», afirmó.
La propuesta incluye medidas para mejorar marcos regulatorios, modernizar redes eléctricas y facilitar el intercambio de energía entre países de la región. Bruselas sostiene que el objetivo es reforzar la seguridad energética europea, diversificar los suministros y acelerar la descarbonización tanto dentro como fuera de la UE.
Sin embargo, el anuncio vuelve a evidenciar la dirección ideológica de la política energética comunitaria: más dinero público y más garantías europeas para impulsar una transición renovable que ya ha mostrado sus límites en términos de coste, intermitencia, dependencia tecnológica y vulnerabilidad industrial.
La Comisión insiste en que el Mediterráneo cuenta con un potencial renovable aún sin explotar de unos 2.300 gigavatios, más del doble de la capacidad actualmente instalada en la Unión Europea. También subraya que muchos países de la zona siguen dependiendo de combustibles fósiles, lo que los hace vulnerables a las fluctuaciones de precios y a las tensiones geopolíticas.
«En muchos países del Mediterráneo meridional, la energía solar y eólica puede producirse con costes entre un 30% y un 40% inferiores a los europeos. Sin embargo, pese a este enorme potencial, los niveles de inversión siguen estando muy por debajo de lo necesario», señaló Suica.
El comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jorgensen, defendió que la crisis energética demuestra que «diversificar el suministro de combustibles fósiles ya no es suficiente» para proteger a Europa de la inestabilidad geopolítica y las subidas de precios.
Jorgensen apostó por acelerar la electrificación y el despliegue de renovables, al considerarlas pilares de una seguridad energética duradera, de la independencia y de la competitividad europeas. «Nunca más deberíamos dar por sentada la seguridad energética», advirtió.
El plan también plantea una cuestión de prioridad presupuestaria. En plena presión fiscal sobre los ciudadanos europeos, crisis de competitividad industrial, encarecimiento de la energía y deterioro de servicios públicos en varios Estados miembros, la Comisión vuelve a abrir una vía de financiación masiva para proyectos fuera de la UE.
La estrategia renovable comunitaria se ha convertido en uno de los ejes del Pacto Verde: sustituir energía abundante y estable por un modelo más caro, más regulado y más dependiente de redes, almacenamiento, subsidios y planificación burocrática.