Alemania afronta una amenaza terrorista creciente tras confirmarse que casi la mitad de los yihadistas que salieron del país hacia Siria e Irak para unirse al Estado Islámico en la última década han regresado. Así lo revela un informe de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), que alerta del riesgo que representan estos retornados, muchos de ellos con entrenamiento militar y adoctrinamiento ideológico.
El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, advirtió esta semana de una amenaza «abstracta, pero elevada» y reconoció que el país sigue en el punto de mira del terrorismo islamista. «El peligro no es hipotético; está aquí y es real», afirmó tras la detención en Berlín de un joven de 22 años acusado de planear un atentado.
Según los datos de la BfV, en 2024 había en Alemania 28.280 islamistas vinculados a organizaciones vigiladas por los servicios de inteligencia, un aumento respecto a los 27.200 registrados el año anterior. De ellos, 9.540 son considerados potencialmente violentos. Desde 2011, 1.150 individuos abandonaron el país para unirse a grupos islamistas en Oriente Medio. Unas 472 personas —el 40%— han regresado y viven hoy en territorio alemán.
El informe señala que el 65% de esos desplazados participó en acciones de combate o prestó apoyo directo al Estado Islámico (EI). «Estos retornados constituyen una amenaza directa para la seguridad nacional», advierte la BfV, que subraya la dificultad de detectar a tiempo a individuos radicalizados o entrenados en el manejo de explosivos.
Tres cuartas partes de los yihadistas que viajaron a Siria e Irak son hombres y una cuarta parte mujeres. Más de la mitad posee nacionalidad alemana, algunos con doble ciudadanía. El Gobierno federal reconoce que, pese a los esfuerzos de control, una parte importante de los retornados no ha sido procesada judicialmente: de los 312 investigados, solo 111 han sido condenados hasta ahora.
Los flujos de viaje revelan la evolución del fenómeno: antes de 2011 los destinos principales eran Pakistán y Afganistán, entre 2012 y 2014 Egipto y Libia, y desde 2014 Siria e Irak.
El islamismo salafista continúa siendo la corriente dominante dentro del radicalismo musulmán en Alemania, con alrededor de 11.000 seguidores potencialmente vinculados al terrorismo. La BfV identifica como principal foco de riesgo al Estado Islámico de Jorasán (ISPK), filial regional del EI especialmente activa desde 2023.
Los últimos atentados demuestran que el peligro no es teórico. En agosto de 2024, un refugiado sirio asesinó con un cuchillo a tres personas en Solingen durante la celebración del aniversario de la ciudad. En mayo de ese mismo año, un afgano de 26 años hirió a seis personas en Mannheim, entre ellas un policía que murió dos días después. Ambos ataques fueron reivindicados por el Estado Islámico.
Desde el año 2000, las autoridades alemanas han frustrado 31 atentados de motivación islamista, aunque la cifra de investigaciones abiertas se ha duplicado desde 2014. La policía reconoce que la radicalización en línea y la difusión de propaganda yihadista a través de Telegram y otras redes multiplican el riesgo de «lobos solitarios» que actúan sin estructura jerárquica.
El propio Ministerio del Interior alemán admite que la protección de datos y la burocracia judicial dificultan la persecución efectiva del terrorismo islamista. Los expertos señalan, además, que la repatriación de mujeres y niños del EI plantea nuevos desafíos, pues muchos presentan traumas y signos de radicalización.
La advertencia final de los servicios de seguridad es clara: «La amenaza del terrorismo islamista en Alemania sigue siendo alta», subraya el informe. «El país se encuentra en el espectro de objetivos inmediatos del Estado Islámico y Al Qaeda».