El Parlamento de Portugal aprobó hace escasos días una ley que prohíbe cubrirse el rostro en espacios públicos, lo que incluye prendas como el burka y el niqab, una medida que ha provocado las primeras reacciones entre parte de la comunidad musulmana residente en el país. A través de redes sociales, varios usuarios han asegurado que abandonarán Portugal si la norma entra finalmente en vigor.
El proyecto legislativo, impulsado por el partido patriota CHEGA, establece la prohibición de ocultar completamente la cara en lugares públicos con el objetivo, según sus promotores, de facilitar la identificación de las personas y reforzar la seguridad. La norma contempla sanciones económicas de entre 200 y 4.000 euros para quienes incumplan la futura regulación.
Tras superar su tramitación parlamentaria, el texto ha sido remitido al presidente de la República, que deberá decidir ahora si lo promulga, ejerce su derecho de veto o lo envía al Tribunal Constitucional para que examine su adecuación al ordenamiento jurídico antes de su entrada en vigor.
En distintos mensajes publicados en internet, algunos musulmanes que afirman utilizar este tipo de prendas sostienen que la nueva legislación limita la forma en la que practican su religión. Algunos de ellos incluso aseguran que, si la ley acaba aplicándose, optarán por regresar a sus países de origen o trasladarse a otro Estado europeo donde no exista una restricción similar.
Después de conocerse la aprobación parlamentaria, el líder de CHEGA, André Ventura, celebró el resultado en sus redes sociales con un mensaje en el que afirmó: «¡Propuesta de CHEGA aprobada! ¡Se acabaron los burkas en Portugal! Quienes odian nuestra cultura pueden volver a su país».
Mientras los partidos que respaldaron la iniciativa defienden que la prohibición responde a motivos de seguridad y facilita el trabajo de las fuerzas de seguridad en las tareas de identificación, distintas asociaciones islámicas han expresado su rechazo al considerar que la medida afecta a la libertad religiosa de quienes deciden cubrirse el rostro por convicciones personales.