
Las redes de tráfico de personas han empezado a aprovechar la llegada masiva de inmigrantes ilegales para mover heroína y cocaína hacia el Reino Unido, empleando a quienes logran cruzar el Canal como mulas humanas a cambio de cruces gratuitos o a precio reducido. Los traficantes ofrecen incluso «viajes VIP» en lanchas con mujeres y niños para evitar sospechas, y amenazan con represalias a quienes intenten escapar con la mercancía.
Una investigación de The Telegraph detalla por primera vez esta alianza criminal entre las mafias migratorias y los grandes distribuidores internacionales de droga. Las conclusiones ya están en manos del Ministerio del Interior británico y de la Agencia Nacional contra el Crimen, que reconocen estar «atentos» ante posibles mutaciones en las amenazas vinculadas al narcotráfico.
La entrega del contrabando suele realizarse en hoteles del Ministerio del Interior, una vez los ilegales son alojados en suelo británico. La operativa se beneficia de un fallo de seguridad: la escasa frecuencia de escáneres y radiografías que la Policía de fronteras aplica a quienes cruzan el Canal. Sólo esos controles detectan los paquetes ingeridos.
El método abre una nueva vía de entrada de drogas. Según la investigación, una parte de los miles de ilegales que llegan cada año estaría siendo utilizada como mensajeros de heroína o cocaína sin que las autoridades tengan capacidad real de frenarlo.
El secretario del Interior en la sombra, Chris Philp, ha denunciado que los cruces representan «una crisis inmigratoria y también criminal», ha calificado de «repugnante» el uso de ilegales para introducir droga, y ha defendido que abandonar la Convención Europea de Derechos Humanos permitiría deportar a todos los ilegales en una semana. A su juicio, el Gobierno laborista «no controla las fronteras ni el tráfico de drogas«.
El trabajo encubierto revela un patrón que se repite con distintos traficantes: todos ofrecen «pagos alternativos» que consisten en tragar paquetes de droga a cambio de un cruce más seguro o directamente gratuito. Prometen embarques con mujeres y niños para reducir la vigilancia, y amenazan con consecuencias si algún ilegal desaparece con la mercancía. Dentro de las redes, otros intermediarios incluso pagan por cada nueva mula que consigan captar.
Ilegales que ya han llegado al Reino Unido explican que, mientras esperaban una oportunidad en los puertos franceses, fueron presionados por grupos vinculados al narcotráfico, que les exigían colaborar o seguir atrapados en un limbo sin dinero y sin posibilidad de avanzar.
La Policía dispone de la capacidad de registrar a los inmigrantes, revisar su boca o solicitar que se retiren prendas exteriores. Sin embargo, la prioridad suele centrarse en localizar teléfonos móviles y tarjetas SIM, por lo que la detección de narcóticos queda relegada. Y una vez los ilegales son trasladados a hoteles, los controles desaparecen casi por completo.
Esta ausencia de controles ha abierto la puerta a un cambio profundo en el modelo de negocio de las mafias. El último tramo del viaje hacia Reino Unido —el cruce del Canal— ya no depende sólo de que los ilegales paguen su plaza: ahora se financia directamente con narcotráfico.
Las organizaciones criminales han visto cómo sus beneficios caían por dos motivos que el propio sector reconoce: por un lado, las intervenciones policiales sobre el suministro de embarcaciones, que han encarecido y complicado la operación; por otro, la necesidad de lanzar cruces señuelo para distraer a las autoridades francesas, lo que implica más logística, más riesgo y menos margen de beneficio.
A este escenario se suma un factor económico clave: la devaluación de divisas como el rial iraní. Muchos ilegales dependen de que sus familias en Oriente Medio les envíen dinero para pagar el cruce, pero con su moneda desplomada, ya no pueden reunir las 700 a 1.300 libras que exigen las mafias.
Ante la pérdida de ingresos y la incapacidad de muchos ilegales para pagar, las redes criminales han creado un sistema paralelo: si el inmigrante no puede asumir el coste, lo paga tragándose la droga. De este modo, las mafias recuperan la rentabilidad perdida mientras abren una nueva vía de entrada de heroína y cocaína en el Reino Unido.
Un informe de Europol de 2024 confirma que el fenómeno no es aislado. Una operación conjunta franco-británica detectó cómo una red vietnamita ya había utilizado a inmigrantes para transportar metanfetamina a París, ofreciéndoles descuentos en el trayecto hacia el Reino Unido.
El Gobierno británico ha anunciado nuevas medidas —registros bucales para localizar tarjetas SIM ocultas y análisis sistemático de teléfonos y redes sociales— pero la investigación demuestra que la amenaza crece más rápido que la capacidad de respuesta institucional. El resultado es un sistema fronterizo expuesto y vulnerable frente a unas mafias cada vez más sofisticadas y dispuestas a explotar cualquier resquicio.