El guionista irlandés Graham Linehan, creador de series de culto como Father Ted y The IT Crowd, fue detenido este lunes en el aeropuerto londinense de Heathrow por incitación a la violencia a raíz de un mensaje en X sobre los transgénero. Su arresto ha desatado un terremoto político y mediático en Reino Unido, al reabrir el debate sobre la deriva censora de la legislación británica en materia de libertad de expresión.
Linehan publicó que «si un hombre transgénero se encuentra en un espacio exclusivo para mujeres, está cometiendo un acto violento y abusivo» y animó a las mujeres a «montar un escándalo, llamar a la policía y, si todo falla, darle un puñetazo en los testículos». Según relató, fue reducido en el aeropuerto por cinco agentes armados tras aterrizar de un vuelo procedente de EEUU.
La Policía Metropolitana confirmó la detención, aunque recalcó que no se llegó a hacer uso de las armas de fuego. La polémica ha llegado al corazón de Downing Street. El ministro de Sanidad, Wes Streeting, reconoció en la BBC que la Policía «debería vigilar las calles y no las redes sociales», cuestionando la prioridad dada a este tipo de detenciones. Incluso el propio Nigel Farage, líder del Reform UK y favorito en las encuestas, afirmó que llevará el caso al Congreso estadounidense como ejemplo de la «guerra contra la libertad» en Reino Unido.
El caso ha provocado reacciones internacionales. JK Rowling calificó la detención de «deplorable» y de signo de «totalitarismo», mientras que Elon Musk denunció que Gran Bretaña se ha convertido en un «estado policial». Desde el otro lado, el nuevo líder de los Verdes, Zack Polanski, defendió la detención como «proporcionada», aunque admitió no entender por qué los agentes fueron armados.
El vicepresidente de EEUU, JD Vance, ya había advertido a Keir Starmer en febrero de que la represión de la libertad de expresión en Reino Unido era motivo de preocupación en Washington. Con la detención de Linehan, el debate sobre la censura ‘woke’ y el poder del lobby trans vuelve a situarse en el centro de la política británica, en un país donde cada vez más voces denuncian que el derecho a discrepar está siendo laminado por el aparato estatal.