
La Fiscalía sueca ha imputado a Salaheddine Hamze, ciudadano libanés de 36 años, por dos delitos de agresión tras un violento ataque contra su esposa y, días después, contra un médico varón en un centro de salud de Malmö. El segundo episodio, según la acusación, se produjo por celos y control ante el hecho de que su mujer trabajara con compañeros masculinos.
Los hechos comenzaron a principios de diciembre, cuando la mujer —enfermera del propio centro— acudió a su lugar de trabajo con una herida en la cabeza que requirió sutura. Aunque inicialmente negó la implicación de su marido, la investigación concluyó posteriormente que había sido golpeada en el domicilio con un objeto. Compañeros alertaron a las autoridades al verla ensangrentada y en estado de shock.
Unas dos semanas después, el acusado irrumpió en la clínica y atacó a un médico. Testigos relataron que lo golpeó, lo tiró al suelo, lo mordió y trató de introducirle los dedos en los ojos, causándole lesiones faciales y mordeduras que se infectaron. Durante la intervención del personal, el agresor habría amenazado a su esposa con la frase: «Espera a que lleguemos a casa». Fue detenido poco después a las puertas del centro.
El acusado niega los cargos y sostiene que fue el médico quien le agredió, además de afirmar que las lesiones de su esposa se produjeron por un accidente doméstico. Sin embargo, los agentes señalaron que la mujer mostraba un miedo extremo durante los interrogatorios y los investigadores creen que vivía bajo un severo control doméstico, con vigilancia del teléfono y restricciones de contacto, especialmente con hombres.
Pese a la gravedad de los hechos, la Fiscalía no ha solicitado la deportación, alegando que el acusado tiene varios hijos en Suecia.
El caso vuelve a poner el foco en la violencia de control y los llamados «delitos de honor» en un país sacudido por décadas de inmigración masiva y el aumento de agresiones vinculadas a patrones culturales incompatibles con la igualdad. En los últimos meses, Suecia ha visto procesos por secuestros intrafamiliares para impedir la «occidentalización» de jóvenes y acusaciones por asesinatos de honor tras intentos de divorcio.
En este contexto, el debate político se intensifica. La viceprimera ministra Ebba Busch reclamó recientemente medidas firmes para proteger los valores suecos, incluida la prohibición del burka y el niqab en espacios públicos, instando al país a «despertar de la ingenuidad» frente al islamismo y a exigir que las normas comunes se apliquen a todos.