Según los últimos datos de Statistics Austria, el 40,5% de los bebés nacidos en la capital no tiene pasaporte austríaco, pese a haber nacido en territorio nacional. La cifra se ha duplicado en apenas veinte años, cuando el porcentaje rondaba el 20%.
En varios distritos de la ciudad, la situación es aún más significativa. En zonas como Viena —especialmente en Favoriten, Ottakring y Rudolfsheim-Fünfhaus— más del 50% de los recién nacidos carece de nacionalidad austriaca, de acuerdo con datos recogidos por la prensa local. Se trata de niños nacidos en Austria, pero que no adquieren automáticamente la ciudadanía debido al sistema legal vigente, basado en el ius sanguinis y no en el ius soli.
El fenómeno se enmarca en un cambio estructural más amplio. Actualmente, el 40,9% de la población de Viena ha nacido en el extranjero, y más del 50% de los habitantes tiene ambos padres nacidos fuera de Austria. Incluso entre los bebés que sí reciben pasaporte austríaco, una parte significativa procede de familias con trasfondo migratorio, lo que confirma la profundidad del cambio demográfico.
A diferencia de países como Estados Unidos, nacer en Austria no garantiza la nacionalidad, y muchos de estos menores nunca llegan a obtenerla, lo que a largo plazo genera problemas de integración, participación política y estabilidad jurídica. Pese a ello, sectores de la izquierda reclaman conceder automáticamente la ciudadanía, incluso cuando el arraigo cultural y lingüístico no está garantizado.
Las consecuencias ya son visibles en el sistema educativo. Por primera vez en la historia de la ciudad, más del 50% de los alumnos de primero de primaria no comprende el alemán, y el curso pasado se alcanzó otro hito simbólico: los alumnos musulmanes superaron en número a los cristianos en la enseñanza básica. Actualmente, los estudiantes musulmanes representan el 41,2%, frente al 34,5% de cristianos.
Este cambio demográfico va acompañado de problemas crecientes en las aulas, como episodios de violencia, antisemitismo, desprecio hacia la mujer y una progresiva erosión de los valores culturales europeos, según denuncian docentes y asociaciones.
Desde el FPÖ llevan años alertando de esta evolución. El portavoz de seguridad del partido, Hannes Amesbauer, advirtió de que «los austríacos pronto serán extranjeros en su propio país«.
En la misma línea, el diputado y portavoz juvenil del FPÖ, Maximilian Weinzierl, fue aún más contundente:
«Lo que durante décadas se nos tachó de alarmismo derechista hoy es una realidad. Con un 41,2% de alumnos musulmanes, ya no hablamos de minorías, sino de una nueva mayoría. Incluso sumando a los cristianos europeos, son menos que los musulmanes no europeos. Esto es el resultado directo de la inmigración de reemplazo, el abuso del asilo y la negación sistemática de la realidad por parte del SPÖ, el ÖVP y los Verdes».