
El congreso de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) ha confirmado el liderazgo de Friedrich Merz, pero también ha despejado cualquier duda sobre el rumbo político que tomará Alemania: continuidad centrista y cierre absoluto a cualquier cooperación con el soberanista.
Merz fue reelegido líder del partido con el 91,2% de los votos —mejorando el 89,8% obtenido en 2024— tras un discurso de una hora en el que apeló a la unidad interna y defendió una cooperación «más constructiva» con su socio de coalición, el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).
El canciller fue claro: su estrategia pasa exclusivamente por el llamado «centro político». «He decidido definitivamente buscar apoyo para nuestras políticas exclusivamente en el centro político de nuestro país», afirmó, admitiendo que eso reduce las opciones a mantener la alianza con los socialdemócratas. Con ello, la CDU descarta cualquier aproximación a Alternativa para Alemania (AfD), principal fuerza de oposición en la derecha.
Merz endureció además su retórica contra AfD, acusando al partido de representar fuerzas que «desprecian la dignidad humana y el Estado de Derecho» y prometiendo una «lucha amarga» contra ellos. El discurso fue bien recibido por la televisión pública alemana y por comentaristas de medios progresistas. Sin embargo, en sectores liberales y conservadores las críticas no se hicieron esperar.
Ulf Poschardt, editor del diario Welt, escribió que Merz se ha convertido en «el nuevo Angela Merkel». Merkel sigue siendo objeto de fuertes reproches en la derecha alemana por decisiones como el abandono de la energía nuclear y la apertura masiva a la inmigración en 2015, aunque dentro de la CDU conserva una influencia notable. Su presencia en el congreso —su primera aparición desde que dejó la Cancillería— fue recibida con 70 segundos de aplausos.
Para Poschardt, Merz está repitiendo el patrón que alejó a la CDU de su base conservadora: marginar a los críticos internos y aceptar una agenda cada vez más próxima al eje rojo-verde. «Si excluyes categóricamente cualquier alternativa por la derecha, haces indispensable a tu socio de izquierda», advirtió también la analista Beatrice Achterberg en el diario suizo NZZ, señalando que esta estrategia libera al SPD de cualquier presión para emprender reformas estructurales del Estado del bienestar.
Desde AfD, la reacción fue igualmente contundente. La diputada Nicole Höchst acusó a Merz de invertir la carga de la responsabilidad política y de utilizar una retórica de «enemigo» para atribuir a la oposición problemas cuya gestión corresponde al Gobierno.