
Una mujer farmacéutica de Francia ha denunciado entre lágrimas la destrucción de su negocio durante los disturbios y saqueos registrados en el país. La propietaria, madre de tres hijos, ha mostrado las instalaciones completamente arrasadas y ha relatado el sufrimiento que supone perder un establecimiento al que había dedicado prácticamente toda su vida. «Todo está destrozado, todo está sucio, todo está hecho pedazos. Arriba está todo quemado», ha lamentado ante las cámaras del medio francés Réel Média.
La mujer ha explicado que los asaltantes no se limitaron a robar medicamentos y otros productos, sino que también destrozaron el mobiliario, los aparatos de climatización y buena parte de los equipos necesarios para desarrollar su actividad. «¿Cómo quieren que reaccionemos al ver el trabajo de toda una vida en este estado?», se ha preguntado visiblemente emocionada. «Quieren robar, vale, que roben, pero ¿para qué arrancar las lámparas, romper el aire acondicionado y destrozar mi robot?», ha añadido.
Uno de los aspectos más preocupantes de su testimonio es la situación de los pacientes que dependían de los tratamientos almacenados en la farmacia. La propietaria ha denunciado que un medicamento valorado en 13.000 euros quedó inutilizado después de que los asaltantes destrozaran el frigorífico en el que se conservaba. «Tengo un paciente que estaba esperando su tratamiento. Hay personas detrás de todo esto, personas que necesitan sus medicamentos, personas a las que ayudamos y de las que nos ocupamos», ha explicado.
La farmacéutica también ha cuestionado la actuación de las fuerzas de seguridad durante los incidentes. Según su relato, los altercados comenzaron alrededor de las cuatro de la tarde, pero cuando solicitaron ayuda policial les comunicaron que no podían intervenir. «A las once de la noche, el hombre que vino a colocar los paneles me dijo que ni siquiera podía entrar porque todavía había gente dentro», ha denunciado.
Entre lágrimas, la mujer ha recordado los enormes sacrificios personales que realizó para levantar su establecimiento. «Soy madre de tres hijos. Me hice cargo de esta farmacia cuando estaba embarazada de siete meses de mi segundo hijo. Volví a trabajar apenas dos semanas después de dar a luz», ha relatado. La propietaria ha insistido en que el negocio representaba mucho más que una fuente de ingresos: «En esta farmacia he invertido toda mi vida, todo mi dinero. He ayudado a pacientes, he ayudado a personas y he hecho todo lo posible por estar siempre a su disposición».
El testimonio refleja también el desconcierto de la afectada ante las consecuencias económicas y personales del saqueo. «Estoy perdida. Ni siquiera sé qué tengo que hacer», ha reconocido, mientras recorría unas instalaciones cubiertas de cristales rotos, productos esparcidos y mobiliario destruido. La mujer ha llegado a calificar de «animales» a los responsables de los destrozos por el nivel de violencia ejercido contra el establecimiento.
«¿Cómo quieren que reaccionemos?», ha repetido desesperada al contemplar los daños. Su relato pone el foco no solo en las pérdidas materiales que sufren los comerciantes afectados por los disturbios, sino también en las consecuencias para quienes dependen de sus servicios. En este caso, una farmacia que durante años había atendido a numerosos pacientes y cuya propietaria asegura haber dedicado todos sus esfuerzos y recursos a mantenerla abierta.