Cada quince días el Ministerio del Interior publica un informe con las cifras de inmigración ilegal acumuladas desde el 1 de enero desglosadas por vía de entrada y por territorio. Es el único balance oficial que existe y sobre él se construyen los debates parlamentarios y las comparaciones con años anteriores. Por su propia naturaleza, un acumulado sólo puede crecer o quedarse quieto, de manera que cuando una de sus filas aparece más baja que en el informe anterior la explicación no está en la frontera sino en el despacho que elabora la tabla. Eso es lo que ha ocurrido con Ceuta en los meses posteriores a la invasión del 30 de julio, y lo llamativo no es sólo el recorte, sino que el Ministerio lo haya hecho sin una sola línea de advertencia, exactamente igual que en 2021, cuando la entrada masiva de mayo acabó desapareciendo de los balances por el mismo procedimiento silencioso.
El informe acumulado a 15 de agosto fijaba las entradas por vía terrestre en Ceuta en 5.013 inmigrantes, frente a 1.722 en la misma fecha de 2025, lo que suponía un 191% más. El informe acumulado a 15 de octubre, publicado hace unos días, las deja en 4.076. Entre una fecha y otra han desaparecido 937 inmigrantes ilegales de la estadística oficial, y no hay cambio de criterio anunciado que lo justifique, porque es la misma tabla, la misma fila y la misma fuente con un número menor dos meses después.
Para calibrar lo anómalo del dato basta mirar alrededor. En ese mismo tiempo de 2025 Ceuta sumó 1.169 entradas por tierra, y Melilla, que soporta la misma presión y depende del mismo Ministerio, ha pasado este año de 548 a 701, de modo que ha sumado 153. Ceuta es la única fila de todo el informe que retrocede, y lo hace justo en el periodo que más interés tenía el Gobierno en dejar atrás.
El efecto sobre la comparación interanual es el esperable. A mediados de agosto Ceuta crecía un 191% respecto a 2025 y a mediados de octubre crece un 41%, de modo que la mayor entrada masiva que ha sufrido la ciudad queda reducida a un repunte moderado.
El precedente del año 2021
No es la primera vez que ocurre. En mayo de 2021, tras la entrada de miles de marroquíes por el espigón del Tarajal los días 17 y 18, Interior optó por no incorporar aquellas entradas a sus balances y durante meses cada informe quincenal repitió que los datos de esos dos días «no han podido ser actualizados ya que se encuentran bajo análisis y tratamiento». Nunca llegaron a actualizarse, y la Organización Internacional para las Migraciones, que había publicado más de 10.000 entradas por tierra a España aquel año retiró después la cifra de su web sin dejar rastro.
Además, aquel otoño el Ministerio hizo con la serie marítima de Ceuta lo mismo que ahora hace con la terrestre. Las entradas por mar pasaron de 799 en el informe de 14 de septiembre de 2021 a 694 en el de 30 de septiembre y siguieron bajando hasta cerrar octubre con 203 menos, con lo que el incremento interanual cayó del 297% al 31%. Cinco años después el método es idéntico.
Lo que el Ministerio tendría que aclarar
Caben tres explicaciones para que un acumulado retroceda y conviene ponerlas todas sobre la mesa. La primera es que se hayan descontado devoluciones ejecutadas a Marruecos después del 30 de julio, lo que supondría confundir entradas con permanencia y obligaría a explicar por qué no se restan también en Melilla o en Canarias. La segunda es una depuración de dobles conteos entre la frontera y el CETI, legítima pero necesitada de una nota metodológica que no existe. La tercera es que se haya reclasificado a quienes han sido trasladados a la Península para que dejen de constar como entrados por Ceuta. Cualquiera de las tres merecería una línea en el informe y ninguna la tiene.
Lo documentado es que el acumulado de Ceuta ha bajado en 937 personas en dos meses, que es la única serie del informe que retrocede y que en 2021 el Ministerio ya hizo desaparecer de sus balances primero las entradas de mayo y después 203 llegadas por mar. Con estos datos y precedentes, no estamos ante un error sino ante una forma de gestionar la estadística que se repite cada vez que Ceuta deja en evidencia la política migratoria del Gobierno y su relación con Rabat.