
El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, ha cumplido su primer año en el cargo convertido en uno de los políticos mejor valorados del país y en una figura cada vez más decisiva para la reconstrucción de una mayoría de derechas capaz de desalojar del Gobierno al liberal Donald Tusk en las próximas elecciones parlamentarias.
Un sondeo de United Surveys realizado para Wirtualna Polska sitúa en el 56% la valoración positiva de su presidencia, después de doce meses marcados por el enfrentamiento permanente con el Ejecutivo de centroderecha y centroizquierda, una intensa utilización del veto presidencial y una política exterior muy próxima a Estados Unidos.
El contraste con Tusk resulta notable. Según otro estudio demoscópico citado por Brussels Signal, apenas el 35,5% de los encuestados declara confiar en el primer ministro. Nawrocki celebró su primer aniversario con un multitudinario acto en Varsovia ante miles de simpatizantes, una demostración de fuerza con la que dejó claro que pretende que la Presidencia desempeñe un papel mucho más activo en la política nacional.
El balance de su primer año refleja hasta qué punto Nawrocki ha utilizado las competencias presidenciales para plantar cara al Ejecutivo. En apenas doce meses ha vetado 41 leyes aprobadas por la mayoría parlamentaria de Tusk, más que ningún otro presidente polaco desde la caída del comunismo. También ha bloqueado 44 nombramientos de embajadores propuestos por el Gobierno y rechazado diferentes designaciones judiciales.
Al mismo tiempo, ha firmado otras 255 leyes, una cifra que permite al entorno presidencial rechazar las acusaciones del Ejecutivo de que Nawrocki se limita a bloquear sistemáticamente la acción gubernamental. El presidente ha ido además mucho más allá del papel tradicional de árbitro institucional.
Durante su primer año ha presentado 22 iniciativas legislativas propias y una propuesta para celebrar un referéndum sobre las políticas climáticas de la Unión Europea. La mayoría parlamentaria favorable a Tusk mantiene bloqueadas 21 de esas propuestas en el Sejm, la Cámara Baja polaca.
El dirigente conservador no oculta su ambición de cambiar el equilibrio político del país. «Quiero cambiar el modelo de la Presidencia», aseguró durante el acto celebrado en Varsovia.
Nawrocki sostiene que el jefe del Estado no debe limitarse a revisar las leyes aprobadas por el Parlamento, sino también proponer reformas, articular demandas sociales e intervenir activamente en la definición del rumbo estratégico de Polonia.
Con ese objetivo ha creado 17 consejos consultivos presidenciales, en los que participan unos 700 expertos, académicos y activistas sin remuneración.
Uno de estos grupos trabaja incluso en propuestas para modificar la Constitución polaca, mientras otros preparan una estrategia de desarrollo nacional que Nawrocki pretende convertir en referencia para las elecciones parlamentarias del próximo año.
La situación resulta paradójica para Ley y Justicia (PiS), el partido que respaldó a Nawrocki en las elecciones presidenciales de 2025. El éxito del presidente no se está traduciendo automáticamente en un crecimiento de PiS. Al contrario.
El partido ha pasado de rondar el 27% de intención de voto hace un año al 16,9%, según un sondeo de IBRiS citado por Brussels Signal. Además, una grave fractura interna provocó en julio la salida del antiguo primer ministro Mateusz Morawiecki, 40 diputados, un senador y tres eurodiputados. El contraste quedó especialmente patente durante el aniversario presidencial.
Mientras Nawrocki congregaba a miles de seguidores en Varsovia, PiS celebraba simultáneamente una convención programática condicionada por sus divisiones internas. La formación que durante años dominó la derecha polaca ha pasado a convertirse en una de varias fuerzas que compiten por liderar ese espacio político.
Nawrocki era prácticamente desconocido para buena parte de los polacos antes de las presidenciales de 2025. Historiador y antiguo director del Instituto de la Memoria Nacional, llegó a las elecciones como un candidato externo a la estructura tradicional de PiS capaz de atraer tanto al electorado conservador clásico como a sectores situados más a la derecha. La apuesta funcionó.
Nawrocki derrotó al candidato respaldado por el Gobierno por 50,89% frente al 49,11%, proporcionando a Tusk uno de sus mayores reveses políticos desde su regreso al poder. Su victoria inauguró una nueva etapa de cohabitación entre un Gobierno liberal y un presidente respaldado por la derecha.
En política internacional, Nawrocki ha convertido su buena relación con Donald Trump en uno de sus principales activos. Brussels Signal lo define incluso como uno de los aliados europeos más próximos al presidente estadounidense.
El objetivo estratégico declarado de Nawrocki es conseguir que la presencia militar estadounidense actualmente desplegada en Polonia de forma rotatoria pase a convertirse en permanente.
La decisión depende de Washington y las negociaciones entre el Ministerio polaco de Defensa y el Pentágono continúan abiertas. La apuesta encaja con una política exterior claramente atlantista y con la convicción de que Estados Unidos continúa siendo el principal garante de la seguridad polaca frente a Rusia.