El Gobierno del primer ministro polaco, Donald Tusk, ha presentado una reforma para acelerar la concesión de permisos de residencia a extranjeros, en un momento en el que Polonia registra cifras récord de inmigración y deja atrás, de forma cada vez más visible, su histórico perfil de país nacionalmente homogéneo.
La propuesta introduce el llamado «consentimiento tácito», una fórmula por la cual la residencia de un extranjero se presumiría legalizada si las autoridades no responden a su solicitud en un plazo de 60 días. La medida podría beneficiar cada año a decenas de miles de solicitantes, en un país que en 2025 recibió 509.237 solicitudes de permisos de residencia temporal de ciudadanos extracomunitarios.
Según los datos recogidos por el medio polaco Forsal.pl, sólo unas 26.000 solicitudes recibieron una decisión negativa, mientras que más de 328.000 personas obtuvieron una respuesta favorable. El resto de procedimientos fueron archivados o quedaron sin examinar. Con el nuevo sistema promovido por el Ejecutivo de Tusk, alrededor de 150.000 permisos adicionales al año podrían quedar aprobados por la vía del silencio administrativo.
La reforma se produce en un país que durante décadas fue considerado uno de los más homogéneos de Europa, con una población identificada entre un 95% y un 97% como étnicamente polaca. Sin embargo, la presión del mercado laboral, la llegada masiva de trabajadores extranjeros y las nuevas políticas del Gobierno liberal han consolidado un cambio de fondo. Como resume el propio medio polaco citado por Remix News, «Polonia se ha transformado en un Estado de inmigración».
El Ejecutivo sostiene que el objetivo de la medida es reducir los largos tiempos de espera que sufren los extranjeros que solicitan residencia ante los voivodatos, las autoridades regionales encargadas de tramitar estos expedientes. Según el Ministerio del Interior y Administración, la demanda de mano de obra extranjera continúa aumentando y los retrasos estarían afectando tanto a trabajadores temporales o manuales como a ciudadanos de terceros países desarrollados que llegan para invertir, trabajar en el sector tecnológico o abrir empresas.
La Cancillería del primer ministro ha presentado el borrador de enmiendas bajo la referencia UD408, con una adopción prevista para el segundo trimestre de 2026. El objetivo declarado es acortar el tiempo real de tramitación para ciudadanos de determinados terceros países que, según el Gobierno, no representen un riesgo migratorio elevado.
La medida no se aplicaría a todos los extranjeros. Según el borrador, el sistema de aprobación tácita estaría limitado a ciudadanos de países considerados estables y desarrollados. Tampoco podrían beneficiarse quienes figuren en el Sistema de Información Schengen o en la lista de personas cuya estancia en Polonia sea considerada indeseable. Además, quedarían excluidos los casos en los que aparezcan indicios de amenaza para la seguridad nacional o el orden público.
El proyecto prevé que el silencio administrativo se produzca 60 días después de presentar una solicitud completa. Si existen defectos formales, el plazo comenzaría a contar desde el momento en que sean subsanados. La reforma se aplicaría únicamente a los procedimientos de primera instancia gestionados por los voivodatos y no a los recursos ante la Oficina para Extranjeros.
El Gobierno también plantea controles de seguridad incluso después de que el procedimiento haya concluido de forma tácita. Hasta que esas verificaciones no finalicen, el extranjero no recibiría la tarjeta de residencia. En caso de que posteriormente se determine que representa una amenaza, el voivoda podría revocar el permiso de manera inmediata.
Las cifras muestran la magnitud del cambio migratorio que atraviesa Polonia. A finales de 2025, casi 1,3 millones de extranjeros trabajaban legalmente en el país, un máximo histórico. Los ucranianos fueron el grupo que más solicitudes presentó, con 288.537 expedientes, seguidos de los bielorrusos, con 45.387. También destacan los ciudadanos de Colombia, con más de 22.000 solicitudes; Georgia, con más de 20.000; e India, con más de 18.000.
También se registraron cifras elevadas de solicitantes procedentes de Moldavia, Turquía, Filipinas y Nepal, cada uno con más de 8.000 expedientes. Incluso 4.501 ciudadanos rusos pidieron residencia temporal en Polonia, de los cuales más de 3.000 obtuvieron una respuesta favorable.
La propuesta de Tusk supone así un nuevo giro en la política migratoria polaca. Un país que durante años fue presentado como una excepción dentro de una Europa occidental marcada por la inmigración masiva se enfrenta ahora a una transformación acelerada de su estructura demográfica y laboral.