El líder de Reconquista, Éric Zemmour, ha defendido que la robótica representa el verdadero futuro económico de Francia y la alternativa soberana a la inmigración masiva como respuesta a la falta de mano de obra en fábricas y explotaciones agrícolas.
«La robótica es el futuro económico de Francia. Los robots proporcionarán a nuestras fábricas y agricultores los brazos que les faltan. Francia puede elegir la tecnología en lugar de la sumersión migratoria por motivos laborales. Para una Francia eterna, poderosa y soberana en la modernidad: más robots, menos inmigrantes», escribió Zemmour en X.
Su mensaje llega después de una entrevista publicada por Le Journal du Dimanche con Éric Marchiol, director de metaverso industrial y calidad de Renault, en la que explicó el desarrollo de Calvin, un nuevo robot humanoide creado junto a la empresa francesa Wandercraft.
Robots para cubrir empleos duros y difíciles de ocupar
El robot Calvin está diseñado para entornos industriales y puede realizar tareas exigentes en condiciones reales de fábrica. Es compacto, adaptable, capaz de moverse por líneas de producción y de manipular cargas pesadas de hasta 40 kilos.
Renault ya cuenta con unos 11.000 robots industriales tradicionales y 8.000 vehículos guiados autónomos. Calvin representa una nueva generación de robots más flexibles, inteligentes y eficientes en el uso del espacio.
La compañía lo está probando en trabajos repetitivos y físicamente exigentes, como la manipulación de neumáticos en cadenas de producción de alta velocidad. Marchiol fue claro al defender la automatización: «Sin automatización y sin robotización, ya no hay industria competitiva».
Francia, por detrás de Alemania y China
El directivo de Renault recordó que Francia dispone actualmente de unos 190 robots por cada 10.000 trabajadores, una cifra muy inferior a la de China, con alrededor de 380, y también por debajo de Alemania.
El objetivo de Renault es desplegar estos robots humanoides a gran escala en sus fábricas y entre sus proveedores durante los próximos cuatro o cinco años, especialmente en puestos difíciles de cubrir y de gran desgaste físico.
Para Zemmour, el caso de Renault demuestra que Francia puede resolver sus problemas de mano de obra mediante innovación, industria y soberanía tecnológica, en lugar de abrir la puerta a nuevos flujos migratorios.
La automatización frente al dogma migratorio
Durante años, las élites europeas han repetido que la inmigración masiva era imprescindible para sostener la economía, cubrir empleos vacantes y compensar el envejecimiento demográfico.
Sin embargo, el avance de la robótica, la automatización y la inteligencia artificial está desmontando ese argumento. Cada vez más sectores pueden responder a la falta de trabajadores con tecnología, productividad e inversión, en lugar de recurrir a mano de obra importada que acarrea costes sociales, culturales y de integración.
El contraste con Asia resulta especialmente significativo. Países como Japón, Corea del Sur, China o Taiwán han combinado una política migratoria mucho más restrictiva con una apuesta decidida por la robótica, la automatización industrial, la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y las nuevas tecnologías.
Mientras buena parte de Europa confiaba en la inmigración como solución fácil, varias potencias asiáticas apostaban por modernizar su aparato productivo y proteger su cohesión nacional.
Incluso BlackRock reconoce el giro tecnológico
El debate ha llegado incluso a las grandes finanzas internacionales. Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, afirmó el año pasado que los países con políticas migratorias muy restrictivas podrían terminar disfrutando de mayor nivel de vida, mayor crecimiento de la productividad y una adaptación más sencilla al impacto social de la inteligencia artificial.
Fink sostuvo que aquellos países con población decreciente y baja inmigración tenderán a desarrollar más rápido la robótica, la inteligencia artificial y la tecnología, precisamente porque no podrán sustituir la falta de trabajadores con inmigración masiva.
Su argumento refuerza la tesis de Zemmour: la demografía no obliga necesariamente a abrir fronteras; puede obligar también a innovar, automatizar y recuperar soberanía productiva.
Una elección de civilización
El debate francés resume una cuestión central para Europa: elegir entre un modelo basado en la dependencia migratoria o un modelo apoyado en tecnología, productividad, industria nacional y control de fronteras.
Para Zemmour, la respuesta es clara. Francia no debe resignarse a la importación permanente de trabajadores ni aceptar la transformación demográfica como precio inevitable del crecimiento económico.
La alternativa pasa por invertir en robots, inteligencia artificial, reindustrialización y agricultura modernizada. Es decir, sustituir el dogma multicultural por una política económica al servicio de la soberanía nacional.
La gran mentira migratoria, según esta visión, consiste en presentar la inmigración masiva como una necesidad económica inevitable cuando la tecnología ofrece ya otro camino: más productividad, más industria, más innovación y menos dependencia de flujos migratorios que cambian para siempre el rostro de las naciones europeas.