«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El veto presidencial impide, al menos por ahora, que el Ejecutivo altere el equilibrio institucional

El presidente patriota Nawrocki frena el asalto del globalista Tusk a la justicia polaca y veta su reforma del Poder Judicial

Karol Nawrocki. Europa Press.

El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, ha vetado la ley promovida por el Gobierno del primer ministro Donald Tusk que pretendía reformar el sistema de designación del Consejo Nacional de la Judicatura (KRS), el órgano encargado de proponer nombramientos judiciales.

La iniciativa del Ejecutivo de izquierda buscaba devolver el control del KRS exclusivamente a jueces designados antes de las reformas impulsadas por el anterior gobierno conservador de Ley y Justicia (PiS) entre 2015 y 2023. Durante ese periodo, el sistema fue modificado para que la mayoría de los miembros del Consejo fueran elegidos por el Parlamento, una práctica que el PiS defendía como plenamente compatible con otros modelos europeos.

El veto presidencial impide, al menos por ahora, que el Ejecutivo altere el equilibrio institucional y avance en su promesa de revisar o degradar a cerca de 3.000 jueces nombrados bajo el anterior sistema. Nawrocki ha advertido de que cuestionar en bloque la legitimidad de esos magistrados podría generar un caos jurídico y provocar una cascada de nulidades en sentencias ya dictadas.

El Gobierno de Tusk contaba con el veto y ya ha anunciado que intentará modificar la composición del KRS cuando expire el mandato de sus actuales miembros en mayo. La mayoría parlamentaria pretende impulsar candidatos respaldados por el sector judicial anterior a la reforma conservadora.

El conflicto institucional no es nuevo. Durante el mandato del PiS, la Comisión Europea llegó a bloquear fondos europeos destinados a Polonia alegando supuestas vulneraciones del Estado de derecho. Esos recursos fueron desbloqueados tras la llegada de Tusk al poder a finales de 2023, lo que los conservadores interpretaron como un gesto político de Bruselas.

El presidente Nawrocki reconoce plenamente la legitimidad del Tribunal Constitucional polaco, órgano que actualmente está en el centro de otra disputa institucional. El Ejecutivo de Tusk cuestiona la composición de parte del tribunal y ha dejado entrever que podría ignorar algunas de sus resoluciones, una posición que agrava el choque entre poderes.

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