El desplome coincide con la persecución a la oposición
La deriva autoritaria de Péter Magyar hunde diez puntos su valoración y permite a Orbán recuperar terreno
La deriva autoritaria de Péter Magyar hunde diez puntos su valoración y permite a Orbán recuperar terreno
Peter Magyar.
Por Bárbara Saavedra
30 de julio de 2026

El primer ministro de Hungría, Péter Magyar, afronta su primera crisis política apenas tres meses después de llegar al poder. La fallida elección de un candidato para sustituir al presidente Tamás Sulyok ha provocado una caída del apoyo al Gobierno de Tisza y ha permitido que el partido patriota Fidesz, liderado por Viktor Orbán, comience a recuperar terreno.

Una encuesta de Medián refleja que el respaldo a Tisza ha pasado del 61% registrado en mayo al 57% en julio. Otro sondeo elaborado por el Instituto Publicus sitúa en el 62% el porcentaje de húngaros que considera a Magyar apto para ejercer como primer ministro, diez puntos menos que dos meses antes.

El desplome coincide con la polémica abierta por la destitución de Sulyok y la posterior búsqueda de un nuevo jefe del Estado. El Parlamento húngaro, donde Tisza dispone de una mayoría de dos tercios, aprobó el 13 de julio la decimoséptima reforma de la Ley Fundamental con 139 votos a favor y seis en contra.

La enmienda puso fin al mandato de Sulyok, elegido en 2024 durante el Gobierno de Orbán. El ya expresidente denunció que su destitución constituía un «grave y vergonzoso ejemplo histórico de abuso del poder político» y advirtió de que abría una herida en la democracia, la separación de poderes y el Estado de derecho.

La reforma también limita a doce años la permanencia de los diputados en el Parlamento, fija en 70 años la edad máxima para los magistrados del Tribunal Constitucional y crea una oficina destinada a investigar y recuperar bienes vinculados con presuntos casos de corrupción. Fidesz sostiene que Magyar está utilizando su mayoría parlamentaria para apartar a dirigentes e integrantes de organismos públicos relacionados con la anterior etapa conservadora.

Polgár rechazó la propuesta de Magyar

Tras consumarse la salida de Sulyok, Magyar respaldó la candidatura de Judit Polgár, considerada una de las mejores ajedrecistas de la historia. El primer ministro anunció que se reuniría con ella y defendió que su trayectoria y su independencia política la convertían en una figura capaz de representar la unidad nacional.

Sin embargo, Polgár rechazó la propuesta al día siguiente. La gran maestra agradeció el ofrecimiento, pero reconoció que no se consideraba preparada para asumir la «responsabilidad histórica» de unir a un país dividido. Magyar había apoyado su nombre sin haber acordado antes con ella la candidatura.

El procedimiento desató críticas incluso entre los votantes de Tisza. Magyar había prometido durante la campaña una mayor participación ciudadana en las decisiones del Gobierno y defendió la elección directa del presidente para terminar con las designaciones pactadas por las direcciones de los partidos.

Pese a ello, no convocó una consulta pública antes de apoyar a Polgár ni debatió el nombre con buena parte de su propia formación. Según Medián, dos tercios de los húngaros están descontentos con la falta de participación ciudadana en el proceso. Ese malestar alcanza al 60% de los votantes de Tisza. Además, sólo el 33% consideraba idónea a la ajedrecista para ocupar la jefatura del Estado.

Magyar tanteó después otros nombres. Entre ellos aparecen el abogado Botond Fülöp y el historiador Ignác Romsics, galardonado con el premio Széchenyi. Fuentes próximas a Fidesz aseguran que Romsics también habría rechazado una eventual candidatura, aunque este extremo no ha sido confirmado de forma oficial.

El primer ministro ha tratado de corregir su estrategia mediante la difusión pública de posibles aspirantes para que sus nombres sean debatidos antes de presentar una candidatura formal. La rectificación no ha impedido que los analistas señalen el episodio como el primer error grave del nuevo Ejecutivo.

La controversia también ha dado oxígeno a Fidesz después de su derrota en las elecciones de abril. El partido de Orbán alcanza el 19% en el sondeo de Medián y registra su primer avance desde que perdió el Gobierno tras 16 años en el poder.

El Parlamento dispone de un plazo constitucional de 30 días para elegir al sucesor de Sulyok. Hasta entonces, la presidenta de la Asamblea Nacional, Ágnes Forsthoffer, ejerce como jefa del Estado interina. El próximo presidente será elegido por los diputados y ocupará el cargo durante un máximo de cinco años o hasta la aprobación de la nueva Constitución prometida por Magyar.

La designación se ha convertido así en la primera prueba seria para un Gobierno que llegó al poder prometiendo mayor participación ciudadana, nuevos contrapesos institucionales y el fin de las decisiones adoptadas a espaldas de los húngaros. El primer intento de Magyar ha producido, sin embargo, el efecto contrario: ha fracturado a sus propios votantes y ha permitido a la oposición conservadora comenzar a reorganizarse.

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