El primer ministro de Bélgica, Bart De Wever, lanzó este jueves una de las críticas más duras pronunciadas hasta ahora desde el corazón institucional europeo contra las políticas energéticas impulsadas por Bruselas. En su intervención en The Future of Europe, foro organizado por los diarios belgas De Tijd y L’Echo, De Wever acusó a la Unión Europea de haber provocado una desindustrialización acelerada como consecuencia directa del dogmatismo climático.
Tras referirse al deterioro de las relaciones con Estados Unidos y a la fragilidad estratégica del continente, el dirigente belga centró su diagnóstico en el colapso energético europeo, al que atribuyó un carácter «estructural». Según afirmó, la llamada transición verde ha dejado a China con energía barata y a Europa con «facturas delirantes».
De Wever recurrió a una imagen contundente para describir el error de Bruselas: «La competitividad, la productividad y la innovación son los caballos; la sostenibilidad y el Pacto Verde son el carruaje. La Comisión Europea ha puesto el carro delante de los caballos». Una metáfora que resume, a su juicio, el fracaso de la arquitectura energética comunitaria.
El primer ministro recordó que Europa se hizo dependiente del gas ruso mientras confiaba su seguridad energética al «hombre del gran garrote», en alusión a Estados Unidos. «Ahora descubrimos que ese garrote también puede usarse contra nosotros», advirtió, calificando este giro como un punto de inflexión histórico.
La consecuencia, explicó, es una Europa atrapada entre regulaciones medioambientales que impiden producir su propia energía, la imposibilidad de explotar minerales estratégicos y una carencia total de capacidad militar. Mientras tanto, China avanza sin obstáculos en África e Iberoamérica, regiones donde la presencia europea es prácticamente inexistente.
«Hemos hecho nuestra vida extremadamente difícil. Tomamos decisiones dogmáticas contra la energía nuclear que han sido la estupidez del siglo», sentenció. Aunque su gobierno aspira a reactivar la vía nuclear, reconoció que Bélgica aún está lejos de lograrlo. Incluso relató negociaciones recientes en Davos con el CEO de Engie, operador de las centrales belgas, que describió como una situación de «vasallaje feliz».
De Wever defendió la prolongación de los dos reactores más jóvenes del país, así como el potencial de los reactores modulares pequeños (SMR) y la cooperación con Francia, a la que elogió por sus «decisiones energéticas inteligentes». Sin embargo, lamentó que la UE siga sin aplicar una verdadera neutralidad tecnológica.
Su crítica se extendió a las grandes apuestas eólicas marinas. Tras asistir a la Cumbre del Mar del Norte en Hamburgo, denunció el contraste entre el optimismo oficial y el pesimismo real del sector. El problema central, insistió, es el coste: proyectos carísimos, financiación cada vez más difícil y una producción impredecible que genera desequilibrios entre oferta y demanda.
Cuando los ejecutivos del sector propusieron convertir el excedente eólico en hidrógeno verde, De Wever ironizó: «Suena brillante, pero es extremadamente caro». Al escuchar que la solución pasaba por que los políticos «crearan un mercado», confesó sentirse «como en la Unión Soviética». «Si los mercados los crean los políticos, eso significa subsidios sin fin», alertó.
El dirigente belga relató además que cualquier alternativa al hidrógeno verde —como el azul o el púrpura— es tratada como herejía por el establishment climático. «Pretender saltar directamente del punto en el que estamos al paraíso es carísimo e imposible», advirtió.
Las industrias intensivas en energía, como el acero o la petroquímica, ya están enviando un mensaje claro: sin subvenciones, no invertirán en Europa. El resultado es una economía cada vez más dependiente de ayudas estatales que destruyen la competencia real. «No se puede ser competitivo en una economía subsidiada», afirmó.
De Wever calificó de «ensoñaciones» los proyectos de islas energéticas marinas y advirtió de futuros déficits de suministro. «Si la arteria de tu economía, la energía, depende completamente de subsidios, vas en la dirección equivocada», concluyó.