
El Servicio Nacional de Salud británico (NHS) vuelve a ser noticia por sus posturas polémicas. Una guía publicada por el Genomics Education Programme asegura que los matrimonios entre primos hermanos tendrían supuestos «beneficios» sociales y económicos, a pesar de estar vinculados a graves riesgos de salud para los hijos.
El documento sostiene que esta práctica genera «sistemas de apoyo familiar más sólidos» y «ventajas económicas», mientras omite que incrementa de forma significativa la probabilidad de transmitir enfermedades hereditarias como la fibrosis quística o la anemia falciforme.
El NHS reconoce que esta forma de unión permanece legal en el Reino Unido desde el siglo XVI, cuando Enrique VIII la permitió para casarse con Catalina Howard, prima de su exesposa. Desde entonces, comunidades concretas han mantenido y defendido la práctica.
El texto equipara el riesgo genético de estas uniones al consumo de alcohol, tabaco o la edad avanzada de los padres —prácticas legales en el Reino Unido—, lo que ha sido interpretado como un intento de normalizar un hábito cultural importado en nombre de la «inclusión».
Los críticos advierten de que este tipo de discursos oficiales blanquean costumbres que atentan contra la salud y la libertad individual, en lugar de ofrecer soluciones claras como campañas de prevención o un marco legal que proteja a las víctimas.
Mientras tanto, el NHS se defiende afirmando que la guía «resume investigaciones científicas» y que no representa una postura institucional. Una respuesta que deja en evidencia cómo, en el Reino Unido de hoy, la corrección política pesa más que la protección de la vida.