Una de las cosas buenas de la política británica es que los líderes políticos dimiten cuando pierden elecciones. Es lo que hizo en julio el socialista Keir Starmer, que ganó las elecciones parlamentarias en 2024 con mayoría absoluta, después de catorce años de gobiernos conservadores. Ha durado sólo dos años. En cuanto el Partido Laborista empezó a perder una elección tras otra, los diputados laboristas le obligaron a dimitir. En cambio, Pedro Sánchez, que no ha ganado ninguna elección y su partido ha cosechado enormes derrotas en varias regiones desde diciembre pasado, sigue impertérrito en la jefatura del Gobierno español.
El desprestigio de Starmer es tan grande que ha dimitido de escaño por el distrito de Holborn and St Pancras, en Londres. El jurista no quiere regresar a la dirección de la fiscalía. Ha dicho que pretende dedicarse a los asuntos internacionales, donde se hace dinero, siguiendo la estrella de otro socialista ilustre, Tony Blair, o a defender las grandes causas progresistas, como las luchas contra la violencia de género y la desinformación, y no gratis.
Congratulations to Sagal Abdi-Wali, Labour MP for Holborn and St Pancras! pic.twitter.com/EA7hlAwCqB
— The Labour Party (@UKLabour) October 9, 2026
Para ocupar su puesto como primer ministro, los laboristas nombraron a Andy Burnham. Y como estaba vacante su escaño en el parlamento, se celebraron elecciones el 8 de octubre para elegir a su sustituto. Con una caída de quince puntos de participación, la candidata vencedora fue Sagal Abdi-Wali, que tomó posesión de su escaño hace unos días envuelta en velos y ropajes como manda el islam, y jurando sobre un Corán, como si en vez de en Londres en 2026 estuviera en la India o en la Kenia británicas.
Se trata de la primera mujer somalí que entra en la Cámara, lo que muestra la creciente importancia de los musulmanes en el país y, sobre todo, su poderosa organización, aunque son menos de un 7% de la población.
Sagal Abdi-Wali nació en Somalia en 1984. Su madre se trasladó con ella y sus hermanos al Reino Unido en 1991; luego se les unió el padre. Todos sus empleos han sido en el Ayuntamiento de Camden, primero como empleada y luego como concejal laborista. Ahora pasará a cobrar del Parlamento. Nunca del sector privado.
Después de las elecciones generales de julio de 2024, hay 25 diputados musulmanes en la Cámara de los Comunes. 19 de ellos militan en el Partido Laborista, cuatro son independientes y dos están en el Partido Conservador.
La creciente presencia de políticos musulmanes, animada por los dos principales partidos del país, el laborista y el conservador, está permitiendo descubrir la escasa integración de estas comunidades, que provienen de Nigeria, Somalia, Irak, o Pakistán.
A una de las diputadas laboristas musulmanes, Shabana Mahmood, descendiente de padres paquistaníes, Starmer la convirtió en ministra de Justicia, cargo en el que le mantiene Burnham. En la conferencia del Partido Laborista, Mahmodd anunció un programa sobre refugiados, no para restringir la llegada de éstos, como exige la población, sino para hacer más fácil la entrada en el país de afganos y palestinos, a fin de darles la oportunidad, como dijo, de tener una vida mejor. Primero, las mujeres y los niños; luego los padres y los tíos.
Zaker Choudhry, musulmán pakistaní que desde mayo desempeña el cargo de alcalde mayor de Birmingham (puesto ceremonial), demostró su nula integración en el Reino Unido al declarar, con motivo de la celebración en agosto pasado del Día de la Independencia de Pakistán, que la región de Cachemira, en disputa con la India desde 1947, han desatado la polémica en el Reino Unido. «Cachemira es nuestra», dijo el político, demostrando así a qué país presta verdadera lealtad.
Quien fue primer ministro de Escocia por el Scottish National Party, el musulmán nacido en Pakistán Humza Yousaf, promovió la sobrerrepresentación de minorías religiosas y étnicas para combatir el que él llamaba “racismo institucional”.
En este sentido, acaban de cumplirse cincuenta años de la ley que eximió a los sijs de usar el que se exige a los conductores de motocicletas. La libertad religiosa, que es el argumento que se usó entonces, permite también a los varones que practican esta creencia portar un cuchillo especial, llamado kirpán, con el que un sij asesinó al joven Henry Nowak en Southampton, en diciembre pasado.