La Policía costera belga ha alertado de que grupos formados por antiguos militares iraquíes y afganos están protegiendo de forma violenta las salidas de embarcaciones ilegales hacia Reino Unido, dificultando la labor de los agentes encargados de frenar los cruces clandestinos por el canal de la Mancha.
El jefe de la zona policial de Westkust, Nicholas Paelinck, compareció el pasado 19 de mayo ante la Comisión de Interior de la Cámara de Representantes de Bélgica para denunciar que exsoldados procedentes de zonas de conflicto se han convertido en un obstáculo grave para detener las operaciones de las mafias de tráfico de personas.
La zona de Westkust cubre las localidades costeras de De Panne, Koksijde y Nieuwpoort, en el extremo noroeste de Flandes Occidental, a poco más de 30 kilómetros de la costa inglesa. Hasta hace poco, esta franja apenas registraba salidas esporádicas, pero el endurecimiento de los controles franceses en torno a Calais ha empujado a las redes migratorias hacia Bélgica.
Según Paelinck, estos grupos actúan como auténticas escoltas de las embarcaciones. Rodean las pateras para impedir que los agentes se acerquen, lanzan piedras, destrozan vehículos policiales y han sido vinculados al hallazgo de armas de guerra y munición en campamentos de inmigrantes próximos a puntos de salida como De Panne.
«Normalmente intentamos pinchar la embarcación de antemano para impedir el cruce hacia Reino Unido», explicó el jefe policial. «Pero aquí no es posible, porque se ve a exmilitares iraquíes rodeando el barco para asegurarse de que la Policía no pueda llegar hasta él».
Paelinck relató que los agentes fueron amenazados por estos hombres y que incluso el retrovisor de un vehículo policial fue destrozado con una barra de hierro. Tras realizar un análisis de riesgo, las autoridades locales concluyeron que intervenir directamente en esa playa se había vuelto demasiado peligroso. «Es demasiado peligroso operar en esa playa. No volveremos a hacerlo», advirtió.
En los últimos meses, la Policía belga ha logrado interceptar cinco embarcaciones con alrededor de 200 inmigrantes y empujarlas hacia aguas francesas. Sin embargo, las operaciones rutinarias en territorio belga han quedado prácticamente paralizadas ante el aumento de la violencia y la capacidad de resistencia de las redes.
El desplazamiento de las mafias hacia la costa belga es consecuencia directa de la presión policial en el norte de Francia. Al cerrarse parcialmente una ruta, las organizaciones criminales buscan nuevos puntos de salida, trasladando el problema a otras jurisdicciones y aprovechando los vacíos de coordinación entre países europeos.
Con la llegada del verano y la mejora de las condiciones meteorológicas, la Policía teme que la crisis migratoria en la costa belga empeore. Paelinck ha reclamado apoyo urgente del Gobierno federal, más recursos, drones, cámaras térmicas y equipos técnicos para hacer frente a redes cada vez más organizadas y violentas.
La respuesta de la Policía nacional, sin embargo, no parece haber sido especialmente contundente. El comisario jefe Kurt Desoete afirmó en el Parlamento federal que sus efectivos tienen un papel de apoyo y una orientación nacional, y que los medios desplegados a nivel local proceden ya de la reserva nacional.
La situación en Bélgica forma parte de un fenómeno más amplio. Según cifras provisionales del Home Office británico, 41.472 personas llegaron a Reino Unido en pequeñas embarcaciones durante 2025, el segundo dato anual más alto registrado. La cifra supone un aumento del 13% respecto a 2024 y sólo queda por debajo del pico de 2022, cuando se contabilizaron unas 45.774 llegadas.