Viktor Orbán y su equipo confían en una nueva victoria del soberanismo en Hungría. Según fuentes directas del partido Fidesz consultadas por LA GACETA, el primer ministro húngaro y su círculo más cercano están convencidos de que este domingo revalidarán su mayoría en las urnas, a pesar de lo que describen como «la injerencia más agresiva y descarada que Bruselas ha ejercido jamás sobre un Estado miembro».
El equipo de campaña de Orbán asegura que la Comisión Europea, presidida por Ursula von der Leyen, ha destinado ingentes cantidades de dinero a financiar y manipular encuestas que proyectan como ganador a Péter Magyar, candidato de la formación opositora TISZA. «No son encuestas, son operaciones políticas pagadas con dinero europeo», afirman las mismas fuentes, que sostienen que estos sondeos falsificados forman parte de una estrategia coordinada para deslegitimar de antemano cualquier triunfo de Fidesz.
El temor principal del entorno de Orbán es que, en caso de victoria clara del actual Gobierno, se active un guion ya ensayado: la organización inmediata de manifestaciones por parte de grupos Antifa el mismo domingo por la noche. «Ya nos han confirmado que están preparadas», indican. Desde Budapest se teme que estas protestas sean utilizadas por las instituciones comunitarias como pretexto para denunciar un supuesto «fraude electoral» sin aportar prueba alguna, replicando el modelo observado en otros países europeos donde se han visto los tentáculos del globalismo como Francia (con la inhabilitación de Le Pen) o Rumanía (con la expulsión de Georgescu).
El objetivo final, según el equipo de Orbán, sería justificar la suspensión del derecho de veto de Hungría en el Consejo Europeo. «Somos el único escollo real que les queda para imponer su agenda», explican. Budapest bloquea actualmente múltiples iniciativas de Von der Leyen en materia migratoria, fiscal, de política exterior y de sanciones, lo que ha convertido al país en un objetivo prioritario para neutralizar su soberanía dentro de la Unión.
En este contexto de alta tensión, la visita relámpago esta última semana del vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, ha sido interpretada por el Gobierno húngaro como un respaldo explícito y una clara señal de advertencia a Bruselas. Fuentes del Ejecutivo afirman que Vance transmitió personalmente a Orbán el mensaje de Washington: cualquier intento de anular o cuestionar el resultado electoral húngaro será considerado una injerencia inaceptable. Se trata, según Budapest, de una «llamada de atención directa» de la nueva Administración estadounidense para que la Unión Europea no intente repetir en Hungría las maniobras vistas en otros países del Este.
Con las urnas a punto de abrirse, el equipo de Viktor Orbán se muestra sereno pero vigilante. «Ganaremos, como siempre hemos ganado cuando el pueblo ha podido votar libremente», concluyen las fuentes. «Y esta vez también estaremos preparados para defender el resultado frente a quien sea».