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El ascenso de la derecha y el desplome de los verdes

Finlandia elige una transición energética factible, inmigración controlada y menos burocracia europea

Riikka Purra, Sanna Marin y Petteri Orpo. Europa Press
Riikka Purra, Sanna Marin y Petteri Orpo. Europa Press

Las elecciones celebradas en Finlandia el pasado domingo 2 de abril pusieron de manifiesto el cambio político que experimenta el país. Los resultados electorales confirman la tendencia al alza de partidos de derecha y conservadores —como ocurrió en su vecina Suecia el pasado mes de septiembre— en los que priman temáticas concretas como la inmigración o el euroescepticismo.

El Partido de la actual primera ministra, Sanna Marin, sufrió un importante golpe electoral. Tras un gobierno de cuatro años en coalición con cinco partidos de centro, izquierda y verdes, el Partido Social Demócrata perdió su liderazgo. ¿El motivo? Todo parece apuntar a una combinación de varios factores, entre ellos escándalos políticos —la primera ministra acudió a una fiesta en plena ola de covid—, la deficiente situación económica y la elevada inflación, el aumento de la deuda y el precio de la energía, y, lo que es clave, la falta de conciencia real sobre la inmigración y sus efectos.

La debacle de la izquierda finlandesa no resulta tan sorprendente si se tiene en cuenta el contexto de la izquierda europea en las últimas elecciones nacionales, especialmente en los Estados del norte de Europa. Y es que en el transcurso de algo más de un año, los gobiernos de izquierdas de países como Alemania o Dinamarca se han visto fuertemente debilitados, llegando en el caso de Suecia a dejar de ostentar el poder. 

Las similitudes entre el cambio político sucedido en este último país y el caso de Finlandia hacen posible trazar una correlación: el ascenso de los partidos más conservadores en detrimento del centro y la izquierda, como los Demócratas Suecos o, en el caso de Finlandia, el Partido de los Finlandeses. Un ascenso que se debe a la postura crítica adoptada por los partidos conservadores sobre cuestiones como la inmigración, la viabilidad de los objetivos climáticos, la gestión presupuestaria y, muy especialmente, la Unión Europea y las políticas de sus burócratas.

A diferencia del resto de alternativas políticas, el Partido de los Finlandeses ha centrado su discurso en problemas reales, problemas cada vez más alarmantes y con los que resulta fácil identificarse, como el encarecimiento de los precios y de la factura energética o las consecuencias del aumento de la inmigración. Por este motivo, gran parte de su programa se encuentra enfocado en la lucha contra la inmigración, que actualmente supone cerca de un 7%. Y es que, a juzgar por los resultados que ha obtenido el Partido de los Finlandeses —en segunda posición a tan sólo un 0,7% de Coalición Nacional—, parece que la inmigración ilegal, especialmente el relevo poblacional de extranjeros extracomunitarios, se ha convertido en una verdadera preocupación para los ciudadanos finlandeses, capaz de condicionar su voto. Por ello, gran parte del discurso del Partido de los Finlandeses se centra en la reforma de la política migratoria y aboga por endurecer la concesión de permisos de residencia para hacer frente a los efectos de la inmigración.

El ecologismo, ampliamente extendido en los países nórdicos, así como la postura frente a Rusia y su entrada en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), han sido también temas relevantes en la campaña electoral, aunque no determinantes. En este sentido y en línea con el resto de partidos, el Partido de los Finlandeses apoya la decisión de adherirse a la OTAN como estrategia de seguridad frente a Rusia, pero no ocurre lo mismo con la política verde promovida por el Gobierno de Sanna Marin. 

Buena parte del programa del Partido de los Finlandeses se enfoca en la defensa de la transición energética “azul y blanca” que, a diferencia de la propuesta de los verdes finlandeses, tiene en cuenta los límites de la repercusión de las medidas adoptadas por Finlandia sobre el clima global, así como la carga que supone para el bolsillo de sus ciudadanos. Una transición energética alternativa que aspira a mejorar la competitividad, reforzar la industria y el empleo, y cuyo primer objetivo es, según exponen en su programa, «la rápida disminución de los precios de la energía y la seguridad del suministro». 

Según reflejaron los resultados de este domingo, una inmigración controlada y de calidad, una transición energética factible y menos burocracia europea son algunos de los deseos de la ciudadanía finlandesa. Problemas que no abordan más que los partidos de derecha como el Partido de los Finlandeses y que por ello ampliarán su electorado en tanto en cuanto sea mayor su repercusión sobre la vida de los ciudadanos.

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