el saldo natural del país es negativo
El Gobierno francés enviará una carta sobre «salud sexual» y «reproducción asistida» en medio de la emergencia demográfica
El Gobierno francés enviará una carta sobre «salud sexual» y «reproducción asistida» en medio de la emergencia demográfica
Emmanuel Macron. Europa Press
Por LGI
10 de febrero de 2026

El Gobierno de Francia enviará este verano una carta informativa a los ciudadanos de 29 años con contenidos sobre salud sexual, reproducción asistida y preservación de la fertilidad, en el marco de un plan nacional que busca revertir el desplome demográfico que atraviesa el país. La medida, impulsada por el Ministerio de Sanidad, forma parte de un paquete de 16 iniciativas destinadas a afrontar una crisis de natalidad que ya se ha convertido en un asunto de Estado.

La decisión llega en un momento especialmente delicado. Más de tres millones de franceses padecen problemas de fertilidad y, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, el saldo natural del país es negativo. Los últimos datos oficiales confirman que en 2025 fallecieron más personas de las que nacieron, con 651.000 defunciones frente a 645.000 nacimientos. Un hito que refleja hasta qué punto la segunda potencia de la eurozona observa con inquietud el desgaste de su base demográfica.

La tendencia no es nueva, pero sí cada vez más acusada. Las mujeres francesas tienen actualmente una media de 1,56 hijos, una cifra en descenso que sigue la estela de la mayoría de países europeos. Lo que durante décadas fue uno de los pilares de fortaleza del país ha dejado de serlo, hasta el punto de activar una respuesta política con un marcado tono de urgencia.

Ese enfoque ya quedó patente en 2024, cuando el presidente Emmanuel Macron presentó su denominado plan de «rearme demográfico» para combatir la infertilidad. Entonces, recurrió a un lenguaje de resonancias bélicas para advertir de que la fortaleza de Francia pasaba también por recuperar la natalidad, un terreno en el que reconoció que el país estaba perdiendo posiciones.

El plan del Ejecutivo se apoya en tres ejes principales: reforzar la concienciación, mejorar los diagnósticos y aumentar la inversión en reproducción asistida y tratamientos de fertilidad. La carta que recibirán los jóvenes incluirá información sobre técnicas como la congelación de óvulos, aunque con la advertencia explícita de que no se trata de una solución milagrosa, y subrayará que la fertilidad no es sólo una cuestión femenina, sino una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres.

Según fuentes gubernamentales, el objetivo es orientar a quienes encuentran dificultades para concebir, una situación que afecta en Francia a una de cada ocho parejas. El mensaje, todavía en fase de debate, abordará también cuestiones de anticoncepción y salud sexual, al tratarse de una decisión íntima que el Ejecutivo insiste en no querer condicionar.

La elección de los 29 años no es casual. A partir de esa edad, las mujeres pueden congelar sus óvulos sin necesidad de justificación médica, conforme a la Ley de Bioética aprobada en 2021. En paralelo, el plan prevé aumentar el número de centros de criopreservación, que pasarán de 40 a 70 en los próximos dos años, con el fin de reducir las largas listas de espera. También contempla acelerar la investigación sobre patologías como la endometriosis o el síndrome de ovario poliquístico, que dificultan el embarazo en muchos casos.

Pese a las explicaciones oficiales, la iniciativa ha despertado críticas. La ministra de Sanidad, Stéphanie Rist, ha tenido que reiterar que el Gobierno no pretende entrometerse en la vida privada ni presionar a los ciudadanos para que tengan hijos. Su argumento se apoya en la idea de ofrecer información para evitar decisiones tardías marcadas por el desconocimiento, en un contexto donde las políticas públicas influyen de forma decisiva.

El debate, sin embargo, conecta con una realidad económica que pesa sobre las generaciones jóvenes. El alto coste de la vida, el acceso cada vez más complicado a la vivienda y la precariedad laboral dibujan un escenario poco propicio para formar una familia. A ello se suma un ajuste presupuestario reciente que incluye recortes por valor de 9.000 millones de euros y que afecta a la mayoría de ministerios, lo que ha alimentado la ironía en redes sociales: muchos franceses consideran que el problema no se resuelve con cartas, sino con apoyo económico directo.

La desconfianza se refuerza con las advertencias de expertos en demografía, que dudan de que una simple misiva pueda alterar los planes familiares en un clima de incertidumbre laboral y temor al futuro. Esta sensación frena especialmente la decisión de tener un segundo hijo, clave para revertir la tendencia.

A este panorama se suma otra preocupación menos visible pero igualmente grave: la mortalidad infantil. Uno de cada 250 niños muere en Francia antes de cumplir un año, una cifra que sitúa al país entre los peores de la Unión Europea en este indicador. Con 4,1 fallecimientos por cada 1.000 nacimientos, ocupa el puesto 23 de los 27 Estados miembros, entre Polonia y Bulgaria.

El Ejecutivo ha anunciado la creación de un registro para identificar las causas exactas de estas muertes, teniendo en cuenta factores como la edad cada vez más tardía de las madres, problemas de salud o el contexto socioeconómico. Los autores Anthony Cortes y Sébastien Leurquin apuntan, además, al cierre progresivo de maternidades durante las últimas décadas, una dinámica que ha saturado hospitales y obligado a muchas mujeres a recorrer distancias mayores y más arriesgadas para dar a luz.

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