
El Gobierno de Dinamarca ha impuesto desde este año la obligación de reducir las emisiones de metano del ganado, obligando a los ganaderos con más de 50 vacas a utilizar «pienso climático» con el aditivo Bovaer, desarrollado por la multinacional neerlandesa DSM-Firmenich. El producto, que actúa inhibiendo enzimas del sistema digestivo de las vacas para disminuir las emisiones, está generando alarma en el campo danés: varios productores denuncian que sus animales enferman o mueren tras consumirlo.
En los últimos días, más de 200 quejas han llegado a la Asociación Nacional de Productores de Leche, que ha pedido al Gobierno suspender la obligación de usar el suplemento hasta que se aclare su seguridad. Según la prensa agrícola local, 1.400 de las 2.000 granjas lecheras danesas han incorporado Bovaer a su alimentación desde el 1 de octubre, cumpliendo así el decreto ecológico del Ejecutivo socialdemócrata.
Una ganadera que posee 480 vacas relató que, tras comenzar a administrar el suplemento, 36 de sus animales enfermaron en apenas diez días, y la cifra aumentó a 90 pese a haber suspendido el tratamiento. «Las vacas dejaron de comer, se desplomaban y producían menos leche», afirmó. En sólo 48 horas, una quinta parte del rebaño estaba afectada y varias vacas ya no podían ponerse en pie, lo que obliga a sacrificarlas para evitar un sufrimiento prolongado. «No vamos a seguir dándoles eso —dijo la agricultora—, es veneno para nuestras vacas«, señalaron.
Otro ganadero, identificado como Viktor, denunció que 40 de sus 164 vacas enfermaron y que la leche mostró una drástica subida de bacterias, pasando de 60.000 a 425.000 unidades por mililitro. «También algo está fallando en la calidad de la leche», aseguró. Las pérdidas económicas son graves: una reducción media de cinco kilos de leche por vaca y día equivale a 3.000 kilos diarios menos en una explotación mediana.
Bovaer fue aprobado por la Unión Europea en 2022 como parte de la estrategia «verde» de reducción de emisiones de metano. Según DSM-Firmenich, el aditivo reduce en un 30 % los gases emitidos por el ganado y es «seguro y efectivo», citando medio centenar de estudios. Sin embargo, las experiencias sobre el terreno comienzan a cuestionar esa narrativa. Agricultores daneses aseguran que la imposición ha sido precipitada, sin estudios independientes que garanticen la inocuidad del producto a largo plazo.
El aditivo actúa bloqueando una enzima del estómago de los rumiantes para frenar la producción de gas metano durante la digestión. Pero esa alteración metabólica, según varios veterinarios consultados por medios locales, podría afectar la flora intestinal, la absorción de nutrientes y el equilibrio natural del animal.
Ante la avalancha de denuncias, la Universidad de Aarhus ha anunciado una investigación sobre los animales que enfermaron o murieron tras el uso de Bovaer. «Debemos tomar en serio lo que está ocurriendo sobre el terreno», señaló un portavoz académico.
La medida llega mientras Dinamarca —uno de los países más radicales en la aplicación de la Agenda 2030— intensifica sus políticas de control climático sobre la agricultura y la ganadería, siguiendo las directrices de Bruselas. Para los ganaderos, se trata de un nuevo ejemplo de ingeniería ecológica impuesta desde arriba, en la que las exigencias burocráticas pesan más que la salud de los animales o la supervivencia de las explotaciones.
«Dicen que quieren salvar el planeta —lamentó una de las agricultoras afectadas—, pero lo que están haciendo es arruinar a quienes lo trabajan cada día».