El avance del islam político en Francia ha dejado de ser una advertencia teórica para convertirse en un dato medible. Una nueva encuesta del Ifop revela que alrededor de un tercio de los musulmanes residentes en el país considera que la sharía debería aplicarse en todo el mundo. El dato adquiere un cariz aún más grave si se tiene en cuenta que cerca del 10% de quienes respaldan ese sistema sostiene que su implantación debería producirse mediante la coerción o la fuerza.
La aplicación de la sharía en Europa supondría un choque frontal con el orden jurídico y cultural occidental. Sus efectos afectarían de forma directa a los derechos de las mujeres, a la igualdad ante la ley y a la libertad de expresión, un derecho que ya se encuentra bajo presión creciente en varios países europeos por miedo a represalias, acusaciones de islamofobia o conflictos sociales.
Los resultados del sondeo, publicados por Le Figaro, confirman una tendencia que hasta hace poco se presentaba como marginal. Desde esta perspectiva, el problema no se limita al ámbito religioso, sino que adquiere una dimensión política y civilizatoria. La normalización de un sistema legal incompatible con los valores europeos pone en cuestión la vigencia de las libertades fundamentales y el principio de igualdad, especialmente para las mujeres. La izquierda prefiere ignorar esta realidad mientras acusa de alarmismo a quienes advierten de sus consecuencias.
El fenómeno no se circunscribe a Francia sino que afecta también a otras naciones como el Reino Unido, país que ha sido descrito como la «capital occidental» de los tribunales de la sharía, con especial incidencia en resoluciones que perjudican a las mujeres. Un ejemplo de cómo la cesión cultural y política abre la puerta a estructuras paralelas que erosionan el Estado de derecho.
La encuesta del Ifop se suma a estudios anteriores que ya detectaban una fuerte presencia de la ideología islamista entre los musulmanes más jóvenes en Francia, acompañada de un aumento de posturas radicales. Los últimos datos apuntan además a que cerca de una cuarta parte de los musulmanes franceses se siente cercana a la ideología de la Hermanos Musulmanes.
Además, la actitud del Ejecutivo francés no sirve de contrapeso contra la tendencia. El presidente Emmanuel Macron ha optado por minimizar la amenaza del islamismo político, ha restado importancia a la influencia de los Hermanos Musulmanes y ha reaccionado con irritación ante los informes que alertan de su expansión. Una respuesta que, para muchos analistas, refleja la incapacidad de las élites europeas para defender sin complejos los valores que sostienen sus sociedades.