El primer ministro británico Keir Starmer afronta un nuevo revés político en apenas 24 horas en su equipo más directo: el director de comunicación de Downing Street, Tim Allan, ha presentado su dimisión, sumándose a la salida de su jefe de gabinete, Morgan McSweeney, en medio de una crisis política que sacude la administración laborista.
Allan, nombrado en septiembre de 2025 como director de comunicaciones, anunció su marcha con un breve comunicado en el que justificó su renuncia en la necesidad de «permitir que se construya un nuevo equipo en el número 10 de Downing Street».
La salida de Allan se produce apenas un día después de la dimisión de Morgan McSweeney, quien decidió abandonar su cargo como jefe de gabinete tras admitir que asumía la responsabilidad por haber aconsejado al primer ministro nombrar a Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos, pese a la contaminación política del nombramiento. Documentos del Departamento de Justicia de EEUU han expuesto vínculos de Mandelson con el criminal sexual Jeffrey Epstein, lo que empeoró la presión sobre Downing Street.
McSweeney se convirtió en uno de los estrategas más cercanos de Starmer y jugó un papel clave en la victoria laborista de 2024, pero ante el escándalo aceptó que su recomendación fue errónea y dañina para la confianza pública.
La marcha de Allan marca otro capítulo en la inestabilidad interna de Downing Street: él es el cuarto director de comunicaciones que deja el puesto desde que Starmer accedió al poder en julio de 2024, reflejo de un mandato turbulento atormentado por tensiones internas, filtraciones y cambios recurrentes en el equipo de estrategia y comunicaciones.
El propio Starmer ha tratado de calmar los ánimos entre sus diputados y al personal de Downing Street, defendiendo que sigue comprometido con la «deber público» y con su agenda de reformas, pero la concatenación de dimisiones ha alimentado las dudas sobre su liderazgo tanto dentro de su partido como en la opinión pública británica.
Sectores del Partido Laborista han expresado públicamente su inquietud por la gestión de la crisis y su impacto en la credibilidad del Gobierno mientras se avecinan retos políticos y electorales. Desde la oposición conservadora se ha instado incluso a considerar la renuncia de Starmer, argumentando que la sucesión de errores de juicio —especialmente en nombramientos sensibles— demuestra falta de control en el número 10.