La industria automovilística alemana está trasladando cada vez más producción al extranjero por el encarecimiento del propio territorio alemán. Energía cara, salarios elevados, presión fiscal, cargas sociales y una regulación asfixiante han convertido a Alemania en un lugar cada vez menos competitivo para fabricar coches. El gran beneficiado de esta fuga industrial es Hungría, que se consolida como uno de los principales destinos de producción para gigantes como Mercedes-Benz, BMW y Audi.
La razón es clara: según el director financiero de Mercedes, Harald Wilhelm, los costes de producción en Hungría son alrededor de un 70% inferiores a los de Alemania.
Mercedes-Benz ha ampliado recientemente su planta de Kecskemét, situada a unos 80 kilómetros al sureste de Budapest, con una inversión cercana a los 1.000 millones de euros. La fábrica cuenta ahora con nuevas naves de carrocería y montaje, un segundo taller de prensas, una nueva planta de pintura y una zona de montaje de baterías.
Con esta ampliación, Mercedes ha duplicado la capacidad de producción del centro: de 200.000 a 400.000 vehículos al año. El dato más significativo es que Kecskemét se ha convertido en la mayor planta de producción de Mercedes en Europa y en la única fábrica del grupo que actualmente se está ampliando en todo el mundo.
Mientras Mercedes refuerza su presencia en Hungría, reduce capacidades en otros centros. La compañía prevé bajar su producción mundial de 2,5 millones de vehículos en 2024 a 2,2 millones en 2028, en un contexto de caída de ventas. Los recortes afectarán especialmente al país de origen: Alemania.
Hasta ahora, en Kecskemét se producían la Clase A y el todocamino GLB. En el futuro, la planta fabricará también la versión eléctrica de la Clase C, y la futura Clase G compacta, conocida como «Baby G», prevista para 2027, saldrá exclusivamente de Hungría. El centro alemán de Rastatt, que hasta ahora fabricaba modelos compactos, se quedó fuera de la asignación.
Mercedes no es un caso aislado. BMW inauguró el pasado otoño una moderna fábrica en Debrecen, al este de Hungría, tras invertir más de 2.000 millones de euros. La planta está orientada completamente a la producción de vehículos eléctricos y ya fabrica el nuevo todocamino iX3.
Por su parte, Audi produce en Győr, al oeste del país, el Q3 y un modelo de la marca Cupra. Según la propia Audi Hungaria, en 2025 fabricó allí unos 200.000 vehículos, además de casi 1,6 millones de motores de gasolina, diésel y sistemas eléctricos de propulsión.
En total, los fabricantes alemanes produjeron el año pasado unos 300.000 vehículos en Hungría, según la Asociación Alemana de la Industria Automovilística.
La tendencia es demoledora para Alemania. Casi siete de cada diez coches de marcas alemanas se fabricaban ya en el extranjero en 2023.
El desplazamiento de producción se traduce en cierres, recortes y destrucción de empleo. Entre 2019 y 2025, la industria automovilística alemana perdió alrededor de 100.000 puestos de trabajo, aproximadamente uno de cada siete, según cálculos del sector.
La presidenta de la Asociación Alemana de la Industria Automovilística, Hildegard Müller, prevé la desaparición de otros 225.000 empleos hasta 2035. La combinación de costes energéticos, burocracia, presión fiscal y transición forzada hacia el coche eléctrico está debilitando uno de los pilares históricos de la economía alemana.