Los servicios de inteligencia podrán seguir vigilando al principal partido de la oposición
La Justicia de Alemania avala el espionaje político y autoriza a que los soberanistas de AfD sean investigados por «extremismo» en Baviera
La Justicia de Alemania avala el espionaje político y autoriza a que los soberanistas de AfD sean investigados por «extremismo» en Baviera
Banderas con el logo del partido Alternativa para Alemania (AfD) durante un acto en Greding (archivo). Europa Press.
Por LGI
17 de junio de 2026

La Justicia alemana ha dado un nuevo paso en la persecución institucional contra Alternativa para Alemania (AfD), al autorizar que los servicios de inteligencia de Baviera continúen vigilando al conjunto del partido bajo la acusación de supuesto «extremismo».

El Tribunal Administrativo Superior de Baviera ha rechazado la petición de AfD para recurrir una sentencia anterior del Tribunal Administrativo de Múnich. La decisión es inapelable y permite que la Oficina Estatal para la Protección de la Constitución mantenga a la formación bajo observación.

La vigilancia comenzó en 2022, cuando los servicios de inteligencia bávaros decidieron investigar al partido como un supuesto caso sospechoso de actividades contrarias al orden constitucional.

Desde entonces, AfD ha denunciado que el aparato estatal utiliza organismos concebidos para combatir amenazas reales contra Alemania como una herramienta para desacreditar y controlar a la principal fuerza soberanista del país.

La defensa de la identidad nacional, bajo sospecha

Los tribunales han justificado la vigilancia por la supuesta existencia de una concepción «étnico-biológica» de la nación y por las posiciones de AfD sobre inmigración, ciudadanía y «remigración».

En la práctica, estas acusaciones convierten en materia de investigación política planteamientos compartidos por millones de europeos: la defensa de las fronteras, la deportación de inmigrantes ilegales y delincuentes, la preservación de la identidad nacional y el rechazo de la inmigración masiva.

La formación sostiene que no pretende vulnerar el orden constitucional, sino revertir unas políticas migratorias que han transformado Alemania sin consultar a sus ciudadanos.

AfD ha denunciado igualmente que la vigilancia no se dirige únicamente contra conductas individuales, sino contra el partido en su conjunto, lo que permite recopilar información sobre su actividad y presentarlo ante la opinión pública como una organización sospechosa.

El cordón sanitario se traslada a los tribunales

La decisión llega mientras Alternativa para Alemania se consolida como la mayor fuerza de la oposición y aumenta su apoyo electoral frente a los partidos tradicionales.

La formación fue la segunda más votada en las últimas elecciones parlamentarias y afronta los próximos comicios de Sajonia-Anhalt con opciones de obtener un resultado histórico y encabezar, por primera vez, un gobierno regional.

El crecimiento de AfD ha provocado una reacción coordinada del sistema político alemán. Al cordón sanitario impuesto por los partidos tradicionales se suman ahora la vigilancia de los servicios secretos, las campañas para ilegalizar la formación y la judicialización constante de sus posiciones políticas.

Ninguno de estos mecanismos ha frenado su avance. Por el contrario, una parte creciente de la sociedad alemana percibe que las instituciones aplican un doble rasero: toleran el radicalismo de izquierda y el islamismo mientras someten a vigilancia a quienes cuestionan la inmigración masiva y la pérdida de soberanía.

Millones de votantes convertidos en sospechosos

El caso plantea una cuestión democrática esencial. AfD no es una organización clandestina ni extraparlamentaria, sino un partido legal que representa a millones de ciudadanos y ocupa decenas de escaños en el Parlamento federal y en las cámaras regionales.

La vigilancia del conjunto de la formación proyecta inevitablemente una sospecha sobre sus militantes, simpatizantes y votantes.

AfD considera que el procedimiento persigue estigmatizarla antes de las próximas elecciones y dificultar su normalización como alternativa de gobierno. La decisión judicial refuerza así un modelo en el que las fuerzas soberanistas pueden concurrir a las urnas, pero son sometidas a vigilancia cuando su crecimiento amenaza el poder de los partidos tradicionales.

Alemania vuelve a demostrar que el llamado «cordón sanitario» ya no se limita al aislamiento parlamentario: se extiende a los tribunales, los servicios de inteligencia y todo el aparato institucional del Estado.

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