El dispositivo desplegado por Marruecos durante la invasión de Ceuta se limitó a unos pocos gendarmes que desviaban a los inmigrantes hacia el mar mientras miles de personas avanzaban sin apenas obstáculos hasta la frontera. Así lo han relatado varios de los jóvenes que entraron ilegalmente en la ciudad autónoma y permanecen ahora en los alrededores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).
«Había tres o cuatro gendarmes por aquí, por allá», explica Adam, un marroquí procedente de Tetuán, en declaraciones recogidas por El Mundo. Su testimonio apunta a que las fuerzas de seguridad del país vecino no pretendían frenar la avalancha, sino impedir que los inmigrantes atravesaran el paso fronterizo a pie y conducirlos hacia el espigón.
Las palabras del joven refuerzan las denuncias sobre la responsabilidad de Rabat en la invasión de la ciudad española. Más de 50.000 personas irrumpieron en Ceuta desde Marruecos a través del espigón fronterizo, mientras la escasa presencia de gendarmes concentraba a los inmigrantes en la ruta marítima.
Adam llegó en autobús junto a varios amigos hasta Castillejos, la población marroquí situada al otro lado de la frontera. Desde allí se incorporó a la multitud que avanzaba hacia Ceuta.
Un inmigrante sudanés corrobora el relato. Según su testimonio, miles de personas llegaron hasta las inmediaciones de la frontera sin encontrar controles en las carreteras y caminos de Castillejos.
«Parecía una manifestación. Era imposible contener a tanta gente. Marruecos no hizo nada para frenarnos. Querían que entrásemos por el agua», ha asegurado.
El joven sostiene que las autoridades marroquíes sólo podrían haber evitado la avalancha si hubieran intervenido antes de que la multitud alcanzara la frontera. Sin embargo, no existían controles para bloquear su avance a varios kilómetros de Ceuta.
Los testimonios describen un dispositivo orientado a canalizar la entrada ilegal por mar, no a impedirla. Marruecos mantuvo despejadas las principales vías de acceso a la frontera y desplazó hacia el agua a quienes intentaban alcanzar territorio español, pese al peligro de ahogamiento.
El CETI, desbordado
Las consecuencias se concentran ahora en Ceuta. Más de un millar de inmigrantes duermen a la intemperie en los alrededores del CETI, un recinto con capacidad para 512 personas que se encuentra muy por encima de su límite.
Cientos de personas se agolparon ante la puerta del centro para intentar registrarse y acceder a las instalaciones cuando quede alguna plaza disponible. La Policía Nacional tuvo que desplegar un furgón y varios agentes a pie para desalojar la entrada.
La intervención dispersó a los inmigrantes hacia el bosque colindante y la parte inferior de la carretera. Muchos duermen en el suelo o deambulan por las laderas. La mayoría son jóvenes marroquíes, aunque también hay argelinos, sudaneses, malienses, afganos, palestinos, libios y chadianos.
La presión también se ha trasladado a una playa situada a los pies del monte donde se encuentra el centro. Alrededor de 200 inmigrantes subsaharianos permanecen concentrados sobre la arena bajo la vigilancia de una decena de policías nacionales.
El colapso de los recursos de Ceuta es la consecuencia inmediata de una invasión que Marruecos no frenó dentro de su territorio. Los relatos de quienes participaron en ella señalan que Rabat dejó avanzar a miles de personas y, una vez junto a la frontera, las empujó hacia el mar para trasladar toda la presión a España.