
Nunca se repetirá lo suficiente. La «frontera sur» de la que habla de la OTAN en su doctrina estratégica y en sus documentos, a los que se adhiere España, no es Marruecos, nuestro vecino hostil, ni el Sáhara ocupado y expoliado por los marroquíes. El régimen alauita es un aliado fiel y por tanto recompensado de Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea, Israel y Francia. La frontera sur, a la que se destinan recursos, vigilancia, sobornos y hasta tropas, consiste en el Sahel: desde Senegal y Mauritania hasta Níger y el Chad, países con los que los españoles no han tenido nunca relación, salvo la invasión almorávide, porque los colonizaron los franceses. Éstos han dejado detrás tal desastre que sus consecuencias ya nos afectan.
En los últimos años, se han instaurado en Mali, Burkina Faso y Níger sendas juntas militares de carácter nacionalista cuyas primeras medidas han sido expulsar a los franceses, tanto civiles como militares, ya que consideran que durante décadas se han apoderado de sus recursos naturales y no han erradicado el terrorismo yihadista, a pesar del despliegue de unidades militares desde 2014. También Senegal, donde se mantiene un régimen democrático, obligó a París a abandonar la última base militar que ocupaba, desde 1960. La entrega se realizó este verano. Francia ha sido un país intrigante en su antiguo imperio colonial, pero su reciente marcha no ha traído la paz ni la estabilidad. Por un lado, el lugar que ocupaban los franceses lo han llenado más bandas de delincuentes o rebeldes y hasta rusos; y, por otro lado, París quiere vengarse de sus protegidos.
En los últimos días, se ha producido una crisis diplomática entre los gobiernos de París y Bamako. Francia suspendió su cooperación antiterrorista con Mali y ordenó a dos diplomáticos de este país que abandonasen su territorio antes del sábado 20, en respuesta a la detención en agosto pasado en Bamako de un agente diplomático francés, acreditado como miembro de la embajada.
El régimen del presidente Assimi Goita había acusado a unos gobiernos extranjeros a los que no nombró de impulsar un intento de golpe de estado encabezado por un grupo de las fuerzas armadas. El Ministerio francés de Asuntos Exteriores declaró que las acusaciones eran infundadas y exigió la liberación del ciudadano francés. La última respuesta de Bamako ha sido la expulsión de cinco diplomáticos franceses, que debían salir de Mali antes de este domingo.
Hasta ahora, a pesar de los enfrentamientos, los servicios de inteligencia de ambos estados mantenían la cooperación para combatir el terrorismo islamista. Pero Macron ha optado por perjudicar la seguridad de sus compatriotas y la de todos los europeos para salirse con la suya.
La reacción del régimen del general Goita, cuyo ejército está combatiendo a los yihadistas en regiones occidentales, cercanas a las fronteras con Senegal y Mauritania, puede consistir en permitir el paso a estos dos países para abordar pateras con destino a Canarias. Para España más preocupantes que los posibles yihadistas (estos terroristas en su mayoría provienen del Magreb, Irak o Siria) son las oleadas de inmigrantes de Mali. Hasta 300.000 se calcula que quieren alcanzar el archipiélago español.
Las comunidades malienses dependen de las remesas que envían sus miembros desde Europa y por eso los regímenes políticos, sean democracias de partidos, juntas militares o monarquías teocráticas, no quieren detener la emigración ilegal.
A los africanos que provienen de Senegal, Niger, Nigeria o Gambia les basta decir que son nacionales de Mali para que el Gobierno socialista español les conceda asilo político, con la justificación de que en este país hay un conflicto con los yihadistas. La mentira ni se investiga ni se castiga. Según datos de 2024, el 96% de los africanos que aseguraban provenir de Mali recibió protección por parte española.
En enero de 2024, el número de ciudadanos malienses residentes legales en España se acercaba a los 33.000. En Francia, en 2023 esa cantidad era de 150.000 personas. En ambos casos, no se cuentan por motivos lógicos los inmigrantes ilegales. La inmensa mayoría de ellos se trata de varones jóvenes en edad militar. No hay apenas mujeres ni niños. Decir que se es de Mali, aunque se carezca de un pasaporte que lo demuestre, es garantía para quedarse en España, mantenido por las Administraciones, y, quizás, moverse luego por Europa.