Según adelantó el Financial Times, la presidenta del BCE estaría valorando abandonar el cargo antes de octubre de 2027 para facilitar un acuerdo político entre el presidente francés saliente, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, sobre su sucesión antes de las elecciones presidenciales francesas de abril de ese mismo año.
Desde Fráncfort, el BCE ha tratado de enfriar la especulación asegurando que Lagarde «está totalmente centrada en su misión». Sin embargo, en los círculos financieros europeos se da por hecho que la negociación política ya ha comenzado.
El relevo en la presidencia no sería un movimiento aislado. En 2026 también deberán renovarse varios puestos clave del Comité Ejecutivo, incluido el del economista jefe. El reparto de poder entre las grandes economías de la eurozona —Alemania, Francia y España— vuelve así al centro de la escena.
Entre los nombres que suenan con más fuerza figura el del español Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual director del Banco de Pagos Internacionales. En encuestas realizadas entre economistas por el propio Financial Times, De Cos aparecía como uno de los principales favoritos, disputando el liderazgo al neerlandés Klaas Knot.
El factor geopolítico complica la ecuación. Alemania ya cuenta con la presidencia de la Comisión Europea en manos de Ursula von der Leyen, lo que podría dificultar que Berlín acumule también el control del BCE. Francia, por su parte, ya ha colocado a dos presidentes en la institución, lo que reduce sus opciones de repetir.
Más allá de los nombres, la batalla por el BCE tiene profundas implicaciones estratégicas. Bajo el mandato de Lagarde, la institución gestionó la pandemia, la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania y el mayor repunte inflacionario en décadas, llevando los tipos desde terreno negativo hasta el 4% antes de iniciar su posterior relajación.