
El parlamento de Letonia ha votado a favor de retirar al país báltico del tratado sobre la prevención de la violencia contra la mujer, argumentando que promueve «teorías de género» y que introduce conceptos ajenos a su tradición jurídica. La decisión, adoptada el jueves 30 de octubre, convertiría a Letonia en el primer Estado miembro de la Unión Europea en abandonar el Convenio de Estambul, un acuerdo impulsado por el Consejo de Europa para combatir la violencia machista y el maltrato en el entorno familiar.
El texto, firmado por numerosos países europeos, exige a los Estados adoptar políticas integrales de protección a las víctimas. Sin embargo, sus críticos sostienen que el documento va más allá de esa finalidad. Alegan que su definición de «género» difumina la distinción entre el sexo biológico y el social, e introduce la idea de que existen múltiples identidades de género. Este enfoque, según los detractores, desplaza la atención del problema real —la violencia contra las mujeres— hacia una agenda ideológica.
Dentro del Parlamento letón, el debate dividió incluso a la coalición de gobierno. Mientras la Unión de Verdes y Agricultores respaldó la salida del convenio, otros partidos de la misma alianza defendieron su permanencia. La primera ministra, Evika Siliņa, se mostró contraria a la retirada y lamentó en la red X que «quienes han tenido el valor de buscar ayuda ahora ven cómo sus experiencias se utilizan en batallas políticas. Es cruel».
Desde la oposición conservadora, en cambio, se celebró la decisión. Ramona Petraviča, diputada del partido LPV, pidió reforzar las leyes nacionales para combatir la violencia sin recurrir al Convenio de Estambul, al que calificó de «instrumento ideológico». En la misma línea, Svetlana Čulkova, del partido centrista ST, insistió en que Letonia ya dispone de mecanismos suficientes: «Podemos proteger a todas las personas con las leyes existentes. Este tratado no ampara a las mujeres, sino una ideología», señaló.
El debate sobre el convenio ha generado divisiones similares en otros países. Hungría, Eslovaquia y Bulgaria nunca llegaron a ratificarlo, alegando que contradecía sus valores nacionales. Turquía, por su parte, fue la primera nación en abandonar formalmente el acuerdo, mientras que Polonia, Chequia y Lituania han expresado reservas sobre su contenido.