La construcción de una nueva sala destinada también a la oración musulmana en Katowice, al sur de Polonia, ha provocado una fuerte movilización vecinal ante el temor de que el país termine reproduciendo los problemas de integración e islamización que los manifestantes identifican con numerosas ciudades de Europa occidental.
Más de un centenar de personas se concentraron el pasado 11 de agosto frente al Centro de Cultura y Diálogo «Doha», situado en el distrito de Zawodzie. La protesta contó con el respaldo de representantes de Konfederacja y del Movimiento Nacional, mientras los vecinos han comenzado a recoger firmas para exigir que se detenga la inversión. Algunos medios polacos cifran la asistencia en varios cientos de personas.
Uno de los mensajes centrales de los manifestantes fue precisamente evitar que Polonia siga el camino recorrido por países como Alemania, Francia o Reino Unido, donde la inmigración musulmana masiva ha transformado durante las últimas décadas numerosos barrios y ciudades.
«No queremos una repetición en nuestro país de lo que ha ocurrido en Occidente», afirmó durante la concentración Dawid Malcherek, dirigente local de Konfederacja y del Movimiento Nacional.
Temor a que Polonia repita el camino de Berlín
Małgorzata Dąbrowska, una de las vecinas participantes, advirtió de que el problema debe afrontarse antes de que resulte demasiado tarde.
La mujer señaló que teme que «la islamización avance en Polonia como en Berlín y otros países de Europa occidental» y puso el foco en las dimensiones del nuevo edificio frente al número de usuarios anunciado oficialmente. La polémica gira precisamente alrededor de este punto.
Según informaciones recogidas por medios polacos, la nueva construcción superaría los 400 metros cuadrados, mientras el Ayuntamiento sostiene que el proyecto arquitectónico autoriza la presencia simultánea de un máximo de 45 personas en el conjunto de la actuación.
Los opositores consideran difícil conciliar ambas cifras y sospechan que el espacio podría terminar teniendo una capacidad real superior a la anunciada. «Aquí se está construyendo un supuesto lugar para 45 personas, pero el edificio es muy grande y cabrían muchas más», denunció Dąbrowska.
Los vecinos denuncian que no fueron consultados
Otro de los principales motivos de malestar es la ausencia de una consulta previa a los residentes del barrio. El Ayuntamiento de Katowice reconoce que no se realizó ninguna consulta pública, pero sostiene que la legislación no obliga a hacerlo en una actuación urbanística de estas características. Las autoridades aseguran que su función se limita a comprobar que el proyecto cumple la normativa y que no pueden valorar una licencia en función de la religión del promotor.
El permiso de construcción fue concedido el 12 de enero de 2026. El inversor es la Asociación Musulmana para la Educación Cultural, con sede en Lublin, mientras el Ayuntamiento asegura que no aporta financiación pública al proyecto.
El diputado de Konfederacja por Silesia Grzegorz Płaczek ha elevado además la polémica al terreno político y ha presentado decenas de preguntas a las autoridades locales sobre la construcción. También reclama que el alcalde impulse algún mecanismo de consulta para proyectos similares.
El centro musulmán niega que esté construyendo una mezquita
Las autoridades locales y los responsables del Centro Doha rechazan, sin embargo, que pueda hablarse formalmente de la construcción de una nueva mezquita.
El centro funciona en Katowice desde 2013 y desarrolla actividades relacionadas con la cultura islámica, la enseñanza del árabe, la beneficencia y el diálogo interreligioso. El proyecto actual consiste en ampliar las instalaciones con una sala multifuncional que podrá utilizarse, entre otras actividades, con fines religiosos.
Su director, el imán Jabbar Koubaisy, insiste en que «no estamos construyendo una mezquita en Katowice» y asegura que tampoco existe intención de realizar llamadas públicas a la oración.
Los manifestantes cuestionan esa distinción. Desde el Movimiento Nacional sostienen que una sala utilizada habitualmente para la oración islámica funciona en la práctica como un lugar de culto musulmán, independientemente de su denominación administrativa.
«Polonia es un país católico»
La protesta ha trascendido además el debate puramente urbanístico y se ha convertido en una defensa de la identidad religiosa y cultural de Polonia. Vecinos llegados desde localidades próximas expresaron su rechazo a que el crecimiento de comunidades musulmanas termine alterando el carácter históricamente cristiano del país.
«Vivimos en un país católico. Polonia es católica», afirmó una manifestante procedente de Chorzów, que pidió pensar en las consecuencias que este tipo de procesos pueden tener para las siguientes generaciones.
Es precisamente la comparación con Europa occidental la que domina el discurso de buena parte de los participantes. Polonia ha mantenido hasta ahora una población musulmana muy reducida en comparación con países como Francia, Alemania, Bélgica o Reino Unido.
Las estimaciones recogidas por Brussels Signal sitúan actualmente la comunidad musulmana polaca entre 40.000 y 76.000 personas, apenas alrededor del 0,1%-0,2% de la población. Sin embargo, la llegada creciente de trabajadores extranjeros procedentes de países de mayoría musulmana ha comenzado a alimentar el debate sobre el futuro del modelo migratorio polaco.
El país concedió casi 145.000 permisos de trabajo a extranjeros durante la primera mitad de 2025, con ciudadanos de Uzbekistán, Bangladesh, Turquía y Turkmenistán entre algunas de las nacionalidades beneficiarias.