
Francia sufre un nuevo golpe a su credibilidad económica. La agencia S&P Global Ratings ha rebajado la calificación soberana del país de AA- a A+, advirtiendo de una «persistente incertidumbre» sobre las cuentas públicas. Se trata del segundo recorte en apenas 18 meses, un signo claro del agotamiento del modelo económico de Emmanuel Macron y de la desconfianza creciente de los mercados hacia su Gobierno.
La decisión llega pocas semanas después de que Fitch también degradara la nota francesa, confirmando una tendencia preocupante: la economía gala pierde atractivo inversor mientras su deuda y su déficit siguen disparados.
El ministro de Economía, Roland Lescure, reconoció el golpe y se limitó a reiterar la meta oficial de reducir el déficit al 5,4 % del PIB en 2025. Sin embargo, el propio presupuesto de 2026 presentado por el Elíseo se basa en supuestos optimistas y un crecimiento inflado, que difícilmente convencerán a los analistas financieros.
S&P advierte que, sin reformas profundas, la consolidación fiscal francesa será «más lenta de lo previsto». La agencia calcula que la deuda pública bruta podría alcanzar el 121 % del PIB en 2028, frente al 112 % registrado en 2022. Un aumento que refleja la espiral de gasto estructural iniciada por Macron desde la pandemia y agravada por su política de subsidios energéticos y gasto social electoralista.
La próxima revisión llegará el 24 de octubre, cuando Moody’s publique su actualización. Si se confirma un nuevo descenso, Francia podría ver cómo su deuda se encarece aún más, convirtiendo a Macron en el presidente que llevó al país de la «grandeur» financiera al endeudamiento sin control.